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Uno podría encabezar esta nota diciendo: Desde que asumió Mauricio Macri, los trabajadores registrados ganan 182% mas. Y es verdad La ilusión monetaria no es patrimonio de los argentinos. Irving Fisher la descubrió casi 100 años atrás en Alemania y a pesar de la triste experiencia inflacionaria que tenemos, sigue calando hondo. En algunos casos, sin embargo, el efecto desaparece por completo.

Cualquiera que lea un título como el del primer párrafo sabe que está mal. En rigor, es cierto que según el índice de salarios que publica el INDEC los trabajadores registrados ganan, en promedio, un 182% mas que en diciembre del 2015, pero todo el mundo sabe que como la inflación fue aun mayor, en realidad, ganan menos que antes. Concretamente, en ese lapso los precios aumentaron, también en promedio, 236% por lo que los salarios perdieron un 16% de su capacidad adquisitiva.

La ilusión monetaria de los UVAs

La inflación es un cáncer que distorsiona el sistema de precios, reduce la inversión y el ahorro en moneda local, transfiere ingresos y facilita la corrupción, entre otras consecuencias. Además, con alta inflación no hay crédito a largo plazo, porque como el que presta tiene que cubrirse de la perdida de valor que se espera que tenga el dinero, las cuotas iniciales son prohibitivamente caras, hasta que la depreciación monetaria licúa su valor.

Por eso el lanzamiento de los créditos UVA en abril del 2016 fue tan revolucionario, porque copiando la experiencia de los UF en Chile, crearon una unidad de cuenta que garantiza que se mantenga una estricta equivalencia entre lo que se prestó y lo que se devuelve, pero logra que las cuotas iniciales sean tan accesibles como en cualquier lugar del mundo.

El primer impacto del nuevo instrumento fue espectacular; se entregaron 120.000 hipotecarios con esa herramienta, en parte también porque la clase media había estado excluida del crédito por muchos años. Pensemos que a fines del 2001 había 550.000 carpetas en todo el sistema financiero y catorce años después, con una economía 65% mas grande, solo quedaban 250.000 familias con un hipotecario, incluyendo los 175.000 PROCREAR. En síntesis; con inflación y sin UVAS había poco crédito y se decidía el acceso en una tómbola.

Sin embargo, con la primera devaluación de mayo del año pasado, potenciada por el salto cambiario de la última semana de agosto, los salarios reales se derrumbaron y los 18.000.000 de trabajadores de la Argentina vieron caer su capacidad adquisitiva. El changuito del supermercado, la cuota del colegio, la nafta del auto, la prepaga, los otros servicios, los alquileres y las cuotas de los créditos indexados aumentaron mas que los ingresos. La realidad es que, salvo los que cobran en dólares, somos todos mas pobres.

El sistema de los UVAs absorbió muy bien el impacto de la crisis y el 99,5% de los propietarios continuaron pagando sus cuotas sin mora, lo cual es bastante lógico si tenemos en cuenta que se están comprando una casa, no una tele de 42 pulgadas, por lo que las familias prefirieron sacrificar otros consumos para poder cumplir.

No obstante, emergió un reclamo de algunos de los hipotecados que argumentaban que las cuotas habían aumentado por encima de sus ingresos y que como consecuencia de la indexación ahora debían mas que antes, a pesar de haber pagado muchas cuotas.

Lo primero es cierto. Tan cierto como que el supermercado también aumentó mas que los salarios y lo mismo le pasó a la cuota del cable, las expensas, el seguro del auto, el gimnasio, los remedios, la ropa, etcétera. Que los bienes y servicios, en promedio, hayan aumentado mas que los ingresos, es lo mismo que decir que el salario real cayó; que la gente en realidad gana menos que antes.

El problema es que no hay modo de resolver esto con un decreto, de manera instantánea, porque la perdida fue consecuencia de que la economía no genera suficientes dólares y corregir eso requiere de años de mejoras en productividad, políticas comerciales y desarrollo económico. Por supuesto sí es posible mejorar los ingresos reales de un grupo particular de la población, subsidiando alguno de sus consumos (el de vivienda, por ejemplo, o algún servicio), pero como en economía no se puede hacer magia, algún otro deberá pagar la cuenta.

Es fundamental entender que el problema no está en el sistema de créditos UVA, que garantiza que en términos reales se siga pagando todos los meses lo mismo, sino en la caída del salario real de toda la población. Es difícil oponerse a un sistema de crédito tan justo, que garantiza que devuelvas la misma capacidad adquisitiva que te prestaron.

Lo segundo es directamente disparatado; así como no es cierto que la gente gane mas del doble con Macri, que con Cristina, aunque nominalmente así sea, tampoco es verdad que la deuda haya aumentado. En una economía con inflación no se puede comparar dinero de distintos momentos del tiempo como si fueran iguales, porque no lo son; son peras y manzanas. De hecho, en términos reales todos los que sacaron un hipotecario UVA deben menos que antes. Más aún; patrimonialmente mejoraron su situación porque el activo, que está dolarizado, se valorizó mas que el pasivo, que está en UVAs.

Alternativas

El sistema UVA es por supuesto mejorable. Hace unos meses propuse que se les permitiera a los beneficiarios optar para que la indexación se haga en función del coeficiente de variación salarial y que se le sume un seguro de desempleo, que ayude a cubrir el pago de las cuotas en la eventualidad de un despido.

Lo que no se puede hacer es abandonar el mecanismo, porque sin indexación las cuotas iniciales tendrían que ser tan altas (para cubrirse de la inflación) que dejarían al 95% de la clase media fuera del crédito. Por la misma razón no es posible pasar los actuales UVAs a un esquema sin ajuste porque, por ejemplo tomando el costo una línea del Banco Provincia, que es de las mas baratas del mercado, una persona que hoy deba $2.000.000, tendría que pagar una cuota fija de $40.000 que es mucho mas que lo que hoy paga por un UVA.

No obstante, puede darse el caso de que alguna familia prefiera salir hoy del UVA y pasarse a un crédito tradicional, con la expectativa de que la cuota se vaya licuando, por efecto de la inflación, a lo largo del tiempo. Esa posibilidad debería habilitarse, como también debería facilitarse un mercado donde puedan negociarse las propiedades junto con el crédito, para que los que estén arrepentidos de los UVAs y quieran volver a alquilar y los que crean que es una oportunidad entrar en un crédito así, puedan cambiar lugares.

Por supuesto, a todos nos gustaría que hubiera créditos a tasa fija, con una cuota similar a la que hoy se paga por los UVAs; o puesto en otras palabras, una suerte de UVA congelado, que ponga las cuotas iniciales baratas, para que todos puedan acceder y al mismo tiempo las congele, para que no aumenten con la inflación. Eso solo podrá lograrse cuando eliminemos la inflación y recuperemos la moneda. Hasta que ello ocurra lo mejor que podemos hacer es defender los UVAs y trabajar para mejorarlos.

fuente: CLARIN.COM