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En su perfil de Twitter, Martín Tetaz se presenta como «Economista, investigador, docente, divulgador y speaker», resalta que es «Del lobo», en referencia a su simpatía por el club Gimnasia y Esgrima La Plata, y enarbola aquel lema que simbolizó los valores de la Revolución Francesa: «Liberté, égalité, fraternité».

   Curiosamente, no se define en esa red social como político ni como diputado nacional. Ni siquiera como partidario de la Unión Cívica Radical (UCR). Pero está claro que esos tres elementos son los que marcan su presente: Tetaz integra «Evolución Radical», el sector del centenario partido que comanda el senador Martín Lousteau, que ya cuenta con otros 11 diputados en el Congreso y que tiene previsto discutir espacios de poder con las demás corrientes de Juntos por el Cambio, de cara a las próximas elecciones.

   Invitado por la UNS para disertar junto a Fernando Thomé sobre las «Perspectivas económicas en la Argentina pospandemia», Tetaz aprovechó su breve estadía en Bahía Blanca -acompañado por la diputada Danya Tavela- para reunirse con referentes, afiliados y vecinos de la Sexta Sección con el objetivo de medir las pulsaciones del radicalismo en la región.

   Faltan 15 meses para las PASO pero los preparativos y los realineamientos ya comenzaron a ambos lados de la grieta, casi a la par de una crisis política que por el momento tiene final abierto. De esos temas, justamente, conversó con La Nueva.

-¿Podemos interpretar esta visita como parte de su desembarco a la Provincia, de cara a 2023?

   Martín Tetaz (MT): -En realidad estamos haciendo una recorrida en todo el país para incrementar el volumen político de nuestro espacio (Evolución Radical), que también es la mejor manera de fortalecer el paraguas de Juntos por el Cambio. Ya se dio el lanzamiento en Santa Fe hace 15 días y obviamente apuntalamos a todos los sectores que están trabajando para construir esa mayoría que necesitamos en 2023. Ya estuvimos en varias provincias, pero lógicamente también lo hacemos con fuerza en la provincia de Buenos Aires porque, como suele decirse, es la madre de todas las batallas. Este es el lugar que va a elegir el kirchnerismo duro para parapetarse, aún en un escenario en el que pierdan a nivel nacional. Por eso, para que la Argentina cambie de una vez por todas, necesitamos que la derrota del kirchnerismo sea total, sobre todo en la Provincia de Buenos Aires y por eso seguramente vamos a hacer una apuesta muy fuerte en la Provincia. Lo que pasa es que todavía es prematuro para acomodar las fichas. Por ahora hay que construir esas fichas, ese volumen político. Por eso nuestra función ahora es la de recorrer todo el país y hablar con la gante. A veces muchos se sorprenden cuando nos ven caminando en las calles y creen que estamos en campaña. Pero esto es algo que debería pasar siempre. Los diputados deberían tener mucho contacto con la gente.

   Danya Tavela (DT): – Además tanto en el caso de Martín como en el mío, que no venimos de la política tradicional, es como una doble obligación que tenemos: mantener ese contacto con la realidad. Hubo un político de fuste de nuestro partido que nos dijo, cuando fuimos incorporados a las listas el año pasado: «Que no los coma el Congreso». Y esa idea tiene que ver con caminar el territorio, vincularse con la gente, escuchar las distintas coyunturas y las agendas regionales. En cada lugar del país aparecen temas específicos que debemos escuchar y atender. Si no lo hiciéramos, quedaríamos, como dijo ese dirigente, «comidos» por el Congreso.

   -¿Qué lugar ocupa Evolución Radical dentro del universo de la UCR?

   MT: -Evolución Radical está en cada municipio y en cada una de las provincias donde hay candidatos competitivos que tienen chances de disputar poder. Está en los lugares donde hay radicales que quieren ganar. No los vas a encontrar dentro de un café sino en la calle. Y no se trata de una chicana sino de una realidad. En Santa Fe hubo 200 intendentes de todo el país junto a candidatos con muchas chances en distritos como Santa Fe, Córdoba, CABA, La Pampa, Neuquén, Catamarca, Tucumán y la Provincia de Buenos Aires. Es un despliegue que hoy no puede mostrar no sólo ningún otro espacio del radicalismo sino de Juntos por el Cambio. Nadie tiene tantos candidatos para disputar en tantos espacios como los tiene Evolución.

   -Desde hace varios años, el gobernador jujeño Gerardo Morales viene avisando que quiere ser el candidato a Presidente por la UCR en 2023. ¿Cómo convive ese proyecto con los objetivos de Evolución?

   MT: -Las aspiraciones personales son legítimas para todo el mundo. Gerardo es buen gobernador, así como hay otros: (Gustavo) Valdés en Corrientes, (Rodolfo) Suárez en Mendoza o el mismo (Alfredo) Cornejo, que viene de ser gobernador hace poco y también es una figura muy fuerte. Pero ninguno de ellos tiene penetración en el Área Metropolitana de Buenos Aires, y eso es una limitación para cualquier candidatura. Si uno recorre desde Entre Ríos, pasa por Santa Fe, Córdoba y baja a Buenos Aires -es decir, el núcleo donde están dos terceras partes de los votos de la Argentina- ninguna de esas figuras es fuerte.

   -Son aquellas zonas donde el PRO se consolidó en los últimos años.

   MT: -Las zonas donde históricamente siempre fue fuerte el radicalismo.

   DT: -En el esquema que estamos planteando de disputar efectivamente el liderazgo dentro de la coalición y, al mismo tiempo, disputar el Gobierno nacional y los gobiernos provinciales y municipales, la aspiración de Gerardo termina siendo funcional. Estamos convencidos de que, cuantos más radicales haya caminando el país, más volumen gana la UCR. Después llegará el momento de definir cuál es el nombre que mejor sintetiza toda esa movilización y crecimiento que tiene el radicalismo en el último tiempo.

-En muchos lugares parece estar instalada la idea de que el Frente de Todos ya perdió las elecciones de 2023, ¿no implica un riesgo subestimar las posibilidades del oficialismo?

   MT: -Es un peligro pensar eso. No hay nada definido. Te hago dos preguntas: ¿estás seguro de que el Gobierno va a terminar y que las elecciones van a ser en tiempo y forma? ¿Y estás seguro de que no va a haber desdoblamiento electoral en muchas provincias, incluso acá en Buenos Aires? Son muchas incertidumbres. No sabemos bien qué va a pasar la semana que viene. Hay una inestabilidad política tan grande en el oficialismo que es muy difícil saber cómo va a terminar. Puede desembocar en una crisis política que se profundice o, como ya sucedió tantas otra veces, puede ser que todo el peronismo se abroquele detrás de alguna figura.

   DT: -Todavía están en una instancia muy compleja de entramado interno. Pero de ninguna manera creo que la elección ya esté perdida para el Frente de Todos ni mucho menos.

   -Si las circunstancias políticas o económicas acelerasen los tiempos electorales, ¿en qué momento se encuentran para plantarse como una alternativa real de poder?

   MT: -Justamente ésa es la ventaja de estar caminando el país tan temprano. No lo estamos haciendo para un ciclo electoral sino para construir volumen político. Si la situación se acelerara, que nos agarre con volumen político construido. Ésa es la idea.

   -Hace algunos meses viene proponiendo la realización de un debate público con Javier Milei, ¿por qué prefiere confrontar sus ideas con las suyas y no, por ejemplo, con las de Martín Guzmán?

   MT: -He debatido muchas veces con kirchneristas. De hecho, el debate en la campaña del año pasado con Carlos Heller tuvo mucha repercusión, y también debato permanentemente con ellos en el Congreso. Es mi trabajo de todos los días. Entonces por qué quiero debatir con Javier. Primero, no tengo nada personal en contra de él, le tengo respeto y creo que es honesto en sus convicciones. Lo que pasa es que estoy convencido de que se está creando una falsa expectativa respecto a la posibilidad de producir transformaciones concretas. Creo además que el conjunto de ideas que tiene no son buenas. El mensaje que quiero transmitir cuando lo invito al debate es mostrar la importancia de consolidar un núcleo opositor que tiene por primera vez, de 1983 a la fecha, mayoría parlamentaria. Eso es muy importante. Las limitaciones que tuvimos en la primera experiencia de gobierno de Juntos se debieron, entre otras cosas, al hecho de tener sólo 86 diputados y 16 senadores. Eso limitó muchísimo la capacidad de hacer transformaciones. Por eso me preocupa que un espacio diga ingenuamente: «Vamos a llegar y a cambiar todo con 20 diputados y 2 senadores». No van a poder. Mi trabajo, en ese sentido, es fortalecer al principal espacio opositor para enfrentar al kirchnerismo y evitar cualquier alternativa que pueda dividir a la oposición.

 -¿A qué adjudican, entonces, el crecimiento que tiene en los sondeos de opinión pública?

   MT: -Hicimos un estudio en el AMBA para estudiar los determinantes del voto. Es algo que hacemos todos los meses. Pero cuando estudiamos en particular el fenómeno Milei nos encontramos con que una tercera parte de los que lo podrían votar son personas que lo eligen por sus ideas liberales, un voto clásico que en algún momento lo contuvo la Ucedé. Otra tercera parte corresponde a un segmento de hombres jóvenes que representan al voto «anti casta». Es un voto tipo 2001, antisistema. Y finalmente está el otro tercio. Son aquellos que podrían votarlo porque están desilusionados con Alberto pero que también la pasaron mal con (Mauricio) Macri y que ya no creen ni en el PJ ni en la UCR ni en el PRO. Es una actitud del estilo: «Que venga este flaco y que sea lo que Dios quiera». Este tipo de reacciones, en la medida en que se deteriora el tejido social y se descompone la situación económica, puede crecer. Pero su imagen no prende del todo en los jóvenes, como se suele afirmar. Tanto el votante clásico liberal como el votante desilusionado no pertenecen a ese segmento. Y ese discurso de «Voy a privatizar todo», que desconoce la brecha de género o los problemas medioambientales, hace mucho ruido en sectores jóvenes y en sectores universitarios que no lo van a votar. Incluso muchos de sus partidarios vienen con mucho respeto a preguntarnos qué tenemos como valor extra que no tenga Javier y ahí está la importancia de mostrarles lo que es construir volumen político, tener poder territorial y poder en el Congreso.

   DT: -Tener volumen político te permite tener mayorías que dan sustento a los planteos de reformas que se quieren hacer. Sin esas mayorías, es seguro que nos encaminaremos a una nueva decepción.

   -La última: en febrero dijo que estábamos cerca del «riesgo de una hiperinflación», ¿qué piensa de esa frase, tres meses más tarde?

   MT: -Pienso peor. Tenemos en los últimos dos meses una inflación del 6,7 % y 6 %. Si tenemos una inflación con esos valores, la gente saca la cuenta «6 x 12: 72 %». Pero no. Porque la inflación se va acumulando aumento tras aumento. Cuando tenés todos los meses un 6 %, en un año acumulás un 101 %. Y cuando tenés tres dígitos de inflación es como ir en el auto a 200 km/h: hay un riesgo muy grande de chocar. Si la Argentina, en la velocidad de tres dígitos en la que está corriendo, llega a tener una crisis política de magnitud o una devaluación fuerte, el riesgo de hiperinflación será cada vez más grande.

-Es un escenario que Guzmán, (Roberto) Feletti o (Matías) Kulfas también saben, ¿por qué cree que no logran modificar el rumbo?

   MT: -Qué notable. Me nombraste a todas las personas que se te ocurrió que podrían hacer algo al respecto pero no al presidente del Banco Central (Miguel Ángel Pesce), una figura que en todos los países del mundo es el único responsable de controlar la inflación. La gente en la calle ni siquiera sabe cómo se llama. Y éste es el problema: el Banco Central está dibujado. ¿Qué es lo que está pasando? Al estar tomado por el Presidente en la práctica, el titular del Central es como un testaferro político. Entonces es como si los billetes los estuviera firmando Alberto Fernández. ¿Y quién tomaría un pagaré firmado por Alberto Fernández, que tiene muy poca credibilidad? Eso es lo que está pasando con la moneda. Nadie le cree a la moneda y es muy difícil reconstruir eso. No es un problema de Guzmán o Feletti. Incluso si mañana cambiara todo el gabinete, la gente no confiaría de golpe. El poder político está muy erosionado.