Una sensación extraña, como de haber escrito esto antes, se apodera de mi conciencia; un recuerdo de una historia que en Argentina siempre vuelve: el dólar.

Esta semana el Ministro de Economía garantizó la continuidad del cupo de 200 que todo ahorrista puede comprar, mientras bajaba las expectativas del presidente del Banco Central y decía que “el objetivo es estabilizar la brecha cambiaria”, que cerró el viernes en el 68%.

Lo concreto es que cada mes, el mecanismo del BCRA genera una transferencia al Tesoro y a los particulares, porque vende a $78,50 lo que en realidad vale $132. Los que compran el “dólar solidario” lo pagan $102, en virtud del impuesto del 30% que recauda el fisco, pero como vale 30 pesos más, en la práctica reciben un subsidio de $6000; una suerte de IFE para cinco millones de compradores bancarizados de clase media.

Es importante entender que el subsidio existe igual, incluso cuando los compradores no vendan sus 200 solidarios en el paralelo, porque lo cierto es que compraron a $102 algo que vale $132.

Del otro lado del mostrador, el Central no tiene capacidad de comprar divisas financieras, porque los bancos solo pagan $73,50 por los billetes verdes y nadie que haya invertido $102 en el solidario, o $132 en el blue, estará dispuesto a desprenderse de sus dólares por solo 73 pesos, ni aunque necesite ese dinero para pagar remedios. En estas condiciones, el mecanismo cambiario del BCRA se convirtió en una maquina expendedora de dólares, que tiene los días contados.

Hasta el mes pasado, las autoridades estaban confiadas en que una parte de la brecha que aceitaba este mecanismo obedecía a la incertidumbre por el canje de deuda y que una vez que los nuevos bonos cotizaran en el mercado, hacia mediados de septiembre, la presión iba a ceder y con ella el incentivo de los casi cinco millones de personas que, según fuentes del Banco, habrían comprado dólares en agosto.

¿PARA QUE SIRVEN LOS PRECIOS?

Sin embargo, los precios muestran la escasez relativa de las cosas y el del dólar señala que por un lado el superávit externo, de cuenta corriente, resultó en lo que va del año pasado y que, por el otro lado, los billetes y monedas en poder del público crecieron 82% en los últimos doce meses, mientras que los que están debajo de la alfombra de las Leliqs y pases, que son pesos potenciales en el futuro cercano, se incrementaron en un 150%. Para decirlo más fácil y sin rodeos, la cantidad de pesos en la economía aumentó mas que la cantidad de dólares y no hay nada que indique que la preferencia por la moneda local versus la extranjera se haya modificado en favor de los pesos. Ergo, aumentó la escasez relativa de dólares respecto de pesos y por lo tanto el tipo de cambio de una moneda por la otra necesita reflejar ese cambio y si no lo hace habrá escasez de divisas.

Es interesante, porque muchas de las medidas que proponen los legisladores y abrazan los ejecutivos, fracasan porque no tienen en cuenta cómo funcionan y para que sirven los precios, como lo acaba de demostrar el resultado de la Ley de alquileres, por ejemplo.

Si esta nota produce un deja vú o si el monólogo de Tato Bores explicando por qué pagábamos $135 el dólar no parece de 1962, es porque hace al menos 75 años que hacemos políticas públicas de espaldas al sistema de precios. Tres cuartos de siglo con medidas de claro sesgo anti exportador, como cobrar impuestos a las ventas externas, poner aranceles a las compras fuera del país, subsidiar la producción de bienes que compiten con los importados, o pisar sistemáticamente el dólar, transmitiendo la señal errónea de que abundan las divisas.

Salgamos de lo financiero y pensemos un ejemplo de la economía real. Supongamos que el gobierno mañana dijera que el kilo de carne vale $100. ¿Habría más o menos gente yendo a la carnicería? Del otro lado del mostrador, ¿habría mayor o menor producción de carne? Salgamos de los bienes y vamos a los servicios; supongamos que ponen un precio máximo del café y que hay que venderlo a $20 ¿habría mas gente o menos gente tomando café? ¿Habría mas bares o menos bares abriendo, invirtiendo y agrandándose?

Cuando un precio es bajo, el mensaje es de abundancia; lo que se transmite a los productores es que se tienen que dedicar a fabricar otra cosa, mientras que a los compradores se los invita a consumir en exceso.

Si es tan obvia la respuesta, ¿porqué pensamos que con el dólar y el peso va a ser diferente? Mucha gente no lo sabe, pero en el mundo el dólar está bajando, se está debilitando; contra el Euro, por ejemplo, vale 9% menos que hace 4 meses. En parte eso se debe a que la emisión por el COVID ha sido brutal en Norteamérica. Si en Argentina parece que sube el dólar, es porque el peso en realidad cayó aun mas; visto desde el quinto subsuelo, el cuarto subsuelo parece alto.

Por supuesto, el gobierno puede tener tantos dólares como quiera; puede pagarle al campo uno de $50, venderles a los importadores divisas de $73, o a los ahorristas a $102. Lo que no puede hacer es evitar las consecuencias, repitiendo el deja vú.

PUBLICADO EN ELDIA.com