por SOL NAROSKY

 

Con fuertes reproches a la administración actual, pero también crítico de la gestión anterior, el precandidato a diputado nacional se mostró incisivo en sus declaraciones a El Cronista. Hizo hincapié en la necesidad de “sacarle la máquina de hacer billetes al Presidente” y realizar una reforma impositiva y laboral en Argentina.

“Íntimamente sabía que en algún momento iba a hacer política, siempre me gustó, solo tenía que definir cuándo era el mejor momento”. Si bien su faceta política se mantuvo en discreción durante años, Martín Tetaz es afiliado radical desde los 18 y al menos en dos elecciones anteriores recibió ofertas. Pero “en lo personal” en aquel entonces “no estaba preparado”, confiesa en una entrevista exclusiva con El Cronista.

Sin embargo, ahora llegó el momento y él ya está listo. En esta ocasión será precandidato a diputado nacional de Juntos por el Cambio, en representación de la Ciudad de Buenos Aires, y para eso ocupará el segundo lugar en la nómina que encabeza para el distrito María Eugenia Vidal. “Me llega el ofrecimiento (a través de Martín Lousteau) en un momento bisagra en la economía argentina, en el que se están definiendo un montón de cosas que determinarán el tipo de país en el que se vivirá los próximos años”, resalta.

Oriundo de La Plata pero radicado hace muchos años en CABA, el economista egresado de la UNLP es docente, consultor de empresas y un conferencista experimentado. Escribió varios libros y artículos sobre economía y participó en diversos programas televisivos y radiales, donde adquirió notoriedad pública.

-¿Cuáles son los principales problemas económicos que hoy enfrenta Argentina?

-Desde que arrancó el gobierno de Alberto Fernández, hubo una tensión entre los sectores internos que querían un rol más del tipo socialismo siglo XXI para la economía. Empezó con Vicentin, con el impuesto a la riqueza; se habló de estatizar empresas de servicios públicos, las decisiones de suspender buena parte de las exportaciones… El Gobierno empezó a mostrar que creía en un Estado que debía decirle a la gente qué hacer con su dinero y a los empresarios qué hacer con sus empresas.

Hay un conjunto de actores que hoy está en los primeros lugares de las listas del peronismo, del kirchnerismo más particularmente, que propone volver a esa economía en la que no se distingue ni se valora el esfuerzo, el ahorro, el sacrificio, el trabajo, el estudio y en la que da todo lo mismo. Se busca la igualdad de resultados y todos sabemos que no funciona en ninguna parte. Entonces, a ese modelo tenemos que crearle una alternativa.

-¿Y cómo debería ser esa alternativa que menciona?

-Una alternativa lo suficientemente amplia para ganar de forma contundente en las elecciones, pero lo suficientemente homogénea como para no sumar cualquier cosa y poder gobernar después. La línea divisoria tiene que ser el respeto por la Constitución, por la propiedad privada, el valor del estudio, del esfuerzo. Son muchos valores que hacen al normal funcionamiento de la economía y que Argentina debe recuperar.

-¿Qué es lo primero que haría como diputado nacional?

-Lo primero que haga cuando llegue a la Cámara de Diputados es presentar un proyecto para cambiar la Carta Orgánica del Banco Central, sacarle la máquina de hacer billetes al Presidente y que el directorio del BCRA nunca más pueda ser elegido ni removido por el Presidente. Quiero que sea elegido y removido por una mayoría de 2/3 del Congreso, por un consenso. Y hasta que no haya otra vez mayoría que no se vuelva a cambiar.

-¿Dónde está parada Argentina en materia impositiva?

-Desde que asumió el Gobierno ya subieron 20 impuestos (…) Pusieron un montón de impuestos más y el país ya no da más de impuestos. Y no solo que Argentina tiene muchos impuestos y muy altos, sino que son malos. El país tiene problemas con las divisas hace 75 años… ¿y qué hacemos? Ponemos un impuesto a las exportaciones. Es un contrasentido que hasta un nene de 10 años se da cuenta. No podemos poner un impuesto a las exportaciones si faltan dólares, como tampoco podemos tener un impuesto a la producción en un país subdesarrollado.

Milei contó qué se haría a sí mismo “antes de subir un impuesto o crear otro”

Los impuestos desalientan la productividad. Uno puede ponerlos una vez que termina el proceso productivo. Entonces la sociedad se sostiene con la idea de que quienes ganan más pueden pagar un poco más, principio básico en todo el mundo. Pero en Argentina les cobramos impuestos a las empresas antes de que ganen y esto ahoga sobre todo a las pymes. Así es imposible armar un tejido productivo sostenible.

-Si bien el Gobierno no lo define como un impuesto, ¿incluiría el aporte de las grandes fortunas dentro del grupo de los “malos” tributos?

-Por supuesto que es un impuesto, no cabe ninguna duda. Pero ese es el problema siempre: una parte de los impuestos de Argentina cae sobre el capital. Este aporte, que ni era sobre las grandes fortunas sino que era sobre los activos, en la práctica terminó siendo pagado con el capital de las empresas. Eso no le sirve a la Argentina, es pan para hoy y hambre para mañana. El mensaje que transmite este tipo de impuesto es: ‘No acumules capital, si acumulás no lo declares, porque en la próxima pandemia vamos a ir por el capital que acumulaste’.

-¿Cuál cree que es el fin último del oficialismo y de la oposición?

-El oficialismo es un proyecto de construcción de poder, claramente. En esa alianza muy amplia hay un sector que está muy fuera de la construcción política. El sector kirchnerista duro lo único que quiere es acumular poder político. Ni la pandemia les importó; lo único que les importa es construir y aumentar capital político, que La Cámpora siga ganando espacio y poder, y que se caiga cada uno de los miembros del gabinete de Alberto para poner a alguien de su palo político e ir copando espacio de poder.

Advierten que las retenciones desalientan la inversión y la generación de empleo

Cambiemos tiene el trabajo de aprender cuáles fueron sus errores y no repetirlos. Ahora tiene la obsesión de construir una alternativa lo suficientemente atractiva como para ganar contundentemente las próximas elecciones (…) Hoy Cambiemos está creciendo, hay espacios como el radicalismo que están pujando por tener más participación y poder en la toma de decisiones; y todo ese espacio amplio se está preparando para gobernar la Argentina dentro de dos años.

-Fundamentalmente, ¿qué aprendió Cambiemos de sus errores?

-Aprendió que hubo una subestimación de muchos problemas de Argentina, una creencia de que cambiando las caras iban a cambiar las expectativas. Macri apostó demasiado a que iba a tener un acompañamiento empresario que realmente no tuvo, por lo menos no como esperaba. Al mismo tiempo, el esquema del gobierno de Cambiemos era demasiado gradualista, ni bien asumió no planteó cuál era la herencia recibida, cuáles eran los problemas y qué era lo que debía hacer.

Aprendimos que no hay lugar para pedir confianza y el voto, ahora hay que explicar cómo vamos a resolver los problemas. No digo que sea fácil bajar la inflación en Argentina, lo que digo es que yo tengo un plan: sacarle la máquina de hacer billetes al Presidente, como funcionó en todo el mundo y va a funcionar acá también.

-¿Qué opina de los planes sociales?

-Los planes sociales esencialmente son una ambulancia. Si estás viendo muchas es porque hay un problema antes. La gente te dice ‘yo quiero trabajar, no quiero un plan”. Pero si el modelo expulsa el empleo y te invita a no invertir… Bueno, entonces no va a haber inversión y, si no hay inversión, no va a haber empleo y de esa forma cada vez habrá que incorporar a más gente a los planes sociales. ¿Y quién los va a financiar? No es válido que un gobierno se jacte de tener más planes sociales, tiene que festejar que logró eliminar la mayor cantidad y que cada vez tiene menos porque los cambió por trabajo.

-¿Eliminaría todos los planes sociales?

-Eliminaría todas las trabas que limitan la contratación y los despidos de los trabajadores; y que después el Estado sí proteja a los trabajadores y no a los puestos de trabajo. La propia creación de empleo hará que los planes sociales disminuyan. Argentina tiene un conjunto de leyes laborales que atrasan 45 años. Es una legislación laboral pensada para industrias grandes, de más de 3000 trabajadores, pero el 95% de las empresas acá tiene menos de 200. Hay que hacer una legislación laboral nueva, una revolución laboral para las pymes. Hay que cubrir y proteger al trabajador con el concepto de ‘flexiseguridad’.

-¿Qué balance hace sobre la gestión de Alberto Fernández?

-La gestión de Alberto fue muy mala en todos los indicadores. No fue buena en política internacional, fue errática completamente, desde la situación con Venezuela, Cuba, nunca supo dónde pararse. La política exterior argentina es un espanto. Con respecto a la política interior, es lógico que en pandemia una economía caiga y también que haya bajas humanas lamentablemente, pero Argentina está en el triple club del 10% de los países donde hay más muertos por millón de habitantes, donde más cayó la economía y donde hubo menos días de clases presenciales. Ni en lo económico, ni en lo sanitario, ni en la política internacional, mucho menos en seguridad; no hay ningún indicador que diga que funcionó, no gestionaron bien prácticamente nada.

-¿Cuáles son sus expectativas respecto del escenario argentino?

-La situación argentina es muy difícil y muy compleja, y no parece que después de las elecciones el Gobierno tenga un cambio de rumbo visible. Todo indica que a mediano plazo vamos hacia menos de lo mismo. Si gana la oposición por amplio margen puede haber un cambio de expectativas, eso puede ayudar, ojalá suceda. Pero si no ocurre ese escenario, es menos de lo mismo: un gobierno cada vez más heterodoxo, con más restricciones, más dólares de distinto tipo; tarifas cada vez más desalineadas, precios cada vez haciendo menos su trabajo en la economía y con un mercado más intervenido.

En 2022 puede haber una mejora porque en el mejor de los casos vamos a estar todos vacunados y no va a haber incertidumbre electoral. Entonces es posible que la economía coyunturalmente esté un poquito mejor el año que viene, pero desde el punto de vista estructural no veo ninguna señal de que Argentina vaya a dar un paso en el mejor sentido en los próximos dos años.