El economista Matín Tetaz analizó en su último articulo los resultados del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que mensualmente da a conocer el Banco Central (BCRA)

En esta última edición del REM, los 40 economistas y líderes de empresas financieras que regularmente consuta el BCRA estimaron que el tipo de cambio oficial mayorista alcanzará los $125 por dólar a fin de diciembre de este año (un retroceso de $0,80 con respecto a las previsiones del REM previo).

En paralelo, del relevamiento surge que los analistas prevén un precio del dólar de $172 para diciembre de 2022.

Los participantes del REM previeron también que la inflación de enero ascendió al 3,9%, y que llegará al 50% interanual en diciembre, muy por encima del 29% oficial que estimó el Presupuesto.

Para Tetaz, el pronóstico de inflación en enero postulada en el REM es también «un poco mentiroso» debido a la «dispersión en el ritmo de aumento de los distintos precios«.

El economista subrayó en el último artículo publicado en su página web personal y en sus perfiles de redes sociales que «la estimación para la parte de la inflación que no controla el gobierno (núcleo) asciende a 4,1% lo que implica una velocidad anualizada del 61,9% y no se trata de un accidente puntual del primer mes del año, sino que llevamos cuatro meses consecutivos en un régimen de alta inflación

A continuación, el experto se preocupa por la búsqueda de convergencia entre precios y suba de sueldos, ya que el Gobierno insiste en el incremento del 29% anual de la inflación y es en base a ello que se cerraron las primeras paritarias del año. 

«Es cierto que los conducidos por el kirchnerista Palazzo se guardan una clausula de revisión para septiembre, pero en el arranque le dan el beneficio de la duda al gobierno», opinó Tetaz sobre el acuerdo de sueldos logrado en el sector bancario.

«Está claro que los precios controlados por el ejecutivo, como las tarifas de los servicios públicos, las prepagas, los precios máximos de algunos alimentos y los de los servicios de comunicaciones están condenados a oficiar de ancla y no tienen chance de pasar ese nivel buscado por (el ministro de Economía, Martín) Guzman, aunque puede haber heterogeneidad porque el gobierno ya anticipó que buscará aumentos de tarifas segmentados por tipo de consumidor (algo más fácil de decir que de hacer) y porque ya lo está haciendo por ejemplo con las empresas de servicios TIC a las que les autorizó 5% en enero a los prestadores con mas de 100.000 conectados, mientras que a los que tienen menos de esas bocas les concedió 8%», prosigue el economista en su artículo.

Respecto del control que puede ejercer el Gobierno sobre los precios, Tetaz remarca que estará muy limitado en un 70% de los casos que son los que conforman la inflación núcleo. «La convicción del ala heterodoxa respecto de que la causa del aumento generalizado y sostenido en los precios es atribuible en realidad al aumento de los costos, va a ser puesta a prueba si como todo parece indicar, el resto de las paritarias siguen el ejemplo de los Bancarios», insistió.

«Adscribiendo a esta teoría se necesita que el dólar también opere como ancla, como así también otros insumos difundidos, como el acero, el aluminio, el cemento, pero también los combustibles y las materias primas de los alimentos», vaticinó el economista.

Empezando por el billete americano, que regula buena parte de esos insumos, el propio BCRA lo dejó correr al 48,8% anualizado en la primera semana de febrero. Es cierto que en enero se movía más rápido; al 60,5% de velocidad anual, pero para que los costos converjan al 29% anual, el billete tendría que ir muy por debajo de ese objetivo en lo que resta del año, máxime cuando la afluencia de dólares que permita que éste opere como ancla, todavía está a tres meses de distancia. Puesto en otras palabras; el dólar oficial está obligado a ser el ancla de precios, e ir por detrás del resto de la nominalidad de la economía, desde abril en adelante», remarcó.

Exportaciones

Para Tetaz, por mas que el BCRA aproveche la afluencia estacional de divisas que genera la cosecha y endurezca el «cepo» tras esta temporada, seguirá dependiendo del financiamiento del Tesoro. Y solo en el escenario en que se mantenga muy bajo el ritmo de recuperación del stock de capital, habrá margen para conseguir financiamiento doméstico.

«En el segundo trimestre del 2020, por ejemplo, hubo solo 9,6% de inversión sobre el PBI, pero en el tercer trimestre, con recuperación de la actividad ese ratio trepó al 14,3% lo que equivale prácticamente a todo el ahorro doméstico, sin que quede excedente para financiar al fisco. Si la inversión hace pie en 2021 cualquier intento por financiar el déficit fiscal con deuda en el mercado doméstico desplazará financiamiento privado y generará déficit de cuenta corriente, lo cual en un escenario donde no sobran divisas, resulta prácticamente imposible, forzando al fisco a cobrar más impuesto inflacionario», estimó el economista.

En medio de este dilema en el Gobierno nacional se creó un fideicomiso con los aceiteros y se tomaron medidas para garantizar el abastecimiento al mercado interno. Se espera así evitar lo que el mismo Presidente de la Nación mencionó días atrás en los medios como una posibilidad: el aumento de las retenciones a las exportaciones del agro.

«Las retenciones y los cupos a las exportaciones reducen la inversión, impactando negativamente en la producción y disminuyendo, obviamente, las ventas al exterior, lo que implica menos divisas para el país, aumentando las chances de repetir una crisis de balanza de pagos, como las 15 que tuvo Argentina en los últimos 75 años, pero además haciendo que la economía necesite un tipo de cambio real más alto para equilibrar el sector externo», opinó en este sentido Tetaz.

«Como los salarios reales caen cuando sube el tipo de cambio real, el resultado del intento de bajar el precio de la carne es el de reducir los ingresos reales de todos los trabajadores, sin importar cuanta carne consumen. En el mediano plazo, además, se reducirán las cabezas de ganado, como ya ocurrió entre 2007 y 2011, presionando los precios de la carne también al alza», pronosticó el economista en su artículo.

Por último, concluyó: «El Presidente y su Gabinete lo saben perfectamente; son conscientes de que las materias primas del campo representan en promedio solo una cuarta parte del precio en góndola y que la medida no controla el 75% de lo que pagan los consumidores, pero hay elecciones este año y tampoco podemos descartar que se trate de una amenaza cuyo objetivo real sea el de acelerar las liquidaciones del campo, como lo ha sugerido el ex ministro Hernán Lacunza.»