Seleccionar página

Fuente: ELDIA.com

Primero fue la falta de un repuesto que hizo que las barreras de telepeaje que leen las obleas de los coches suscriptos no funcionaran. Como pasa siempre, la novedad fue de boca en boca haciendo que una gran masa de vehículos se volcara a pasar por esas cabinas, porque sin el lector funcionando, abren automáticamente a cualquier auto que se mueva delante del sensor.

Para contrarrestar la avivada, los telepeajes se convirtieron en manuales, generando demoras y largas colas que llegaron incluso a taponar la autopista a la altura de la curva anterior a la estación Dock Sud, sin que por supuesto se cumpliera la disposición de levantar las barreras cuando la cola supera los 120 metros.

Todo esto en medio del caos que fue la autopista todo el año pasado por las obras de ampliación, durante las cuales la Provincia continuó cobrando peaje por un servicio que no brindaba, porque las luces no andaban, los carriles no funcionaban y la traza no daba las garantías de seguridad mínima para circular sin hundir la rueda en uno de los cráteres que se formaron o perder el control del vehículo por el descalce de los carriles nuevos.

Finalmente la autopista se terminó, es cierto que unos meses después de haber sido inaugurada y promocionada la obra, pero por suerte se terminó y la verdad que el tercer carril descomprimió notablemente los cuellos de botella de las horas pico, sobre todo en el sentido Provincia, porque llegando al peaje en sentido Capital la solución que encontraron los ingenieros para el empalme con el acceso sudeste deja mucho que desear; un alambrado que hace las veces de separador produciendo un embudo, con el agravante de que no resulta difícil imaginar el desastre que se produciría si un auto se enrosca entre esas cuerdas.

UNA SOLA “PARADA”

En ese contexto la primera semana de febrero los que volvimos de las vacaciones y encaramos para Buenos Aires nos llevamos la sorpresa de que AUBASA había decidido levantar el peaje de Dock Sud, sentido Capital, trasladando el costo del mismo al paso por Hudson.

La propuesta me pareció excelente. Durante el año pasado en “El Informador” habíamos comentado en numerosas oportunidades con Mariano Perez de Eulate, que no tenía sentido cobrar dos peajes de ida y dos de vuelta, porque se podían reducir las demoras y agilizar el tránsito cobrando solamente de ida, o solamente de vuelta; lo mismo da cualquiera de las dos opciones porque la gente que entra, en algún momento sale.

Sin embargo cuando volvía de Capital me sorprendió que me cobraran en el primer peaje. -¿Cómo, no era que lo habían levantado? le espeté al pibe del gremio de Moyano Jr. –No, sólo de entrada a Buenos Aires- me dijo.

Desde entonces estoy tratando sin suerte que alguien me explique cuál es el criterio lógico para levantar sentido capital y no sentido provincia, sobre todo porque como dijo el presidente de Autopistas de Buenos Aires (AUBASA), Gonzalo Atanasof, “la idea es hacer un viaje mucho más dinámico”

LA LOGICA DEL PEAJE

En general, en la experiencia internacional, los peajes tienen dos funciones; recaudar dinero para financiar la obra y el mantenimiento, por un lado, y ayudar a regular la congestión de las rutas y ciudades por el otro.

La función financiera es además una solución que busca ser justa, en el sentido de hacerle pagar la obra al que la usa. Originariamente Vialidad se fondeaba con el producido de los impuestos a los combustibles, pero algunos argumentaban que de ese modo pagaba lo mismo el que hacía 100 kilómetros utilizando una autopista que el que los transitaba por un camino de tierra rural, que prácticamente no requiere inversión; los conductores del interior subsidiaban de ese modo a los de los grandes centros urbanos. Es más, bajo ese objetivo de justicia, correspondería que el peaje continuara saliendo lo mismo que antes de empezar la obra para todo el mundo y que la totalidad del costo de las inversiones que demandaron el nuevo carril sea pagada por los responsables de que se haya tenido que construir; esto es: los que pasan en hora pico generando la congestión.

Podría pensarse que el otro objetivo, de administrar la saturación de la autopista en las horas de más tráfico, de hecho ya está contemplado en la tarifa actual porque se paga $20 pesos por todo el recorrido, pero hay que oblar 26 si se hace en hora pico. Sin embargo no conozco ningún estudio que haya medido el impacto de ese cambio de precio en los hábitos y en qué medida contribuye a que la gente elija otros horarios para subir a la autopista o directamente opte por un medio de transporte colectivo. Más bien pareciera que la administración de la concesión no está preocupada por hacer un uso más eficiente de la infraestructura.

Propongo entonces que prime el sentido común y que se deje un solo peaje, o bien a la subida de la autopista o bien a la bajada, y que se cobre sólo en un sentido; o yendo a Capital, o volviendo. También invito a las autoridades a cobrar sólo un peaje mínimo para el mantenimiento, a los que suben en hora no pico y a financiar todo el costo de las nuevas obras con un peaje tan caro como sea necesario, para que paguen los responsables de la nueva infraestructura, que son los que la usan en hora pico.