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Confieso que me pasó allá lejos y hace tiempo, pero me pasó.

Entré al cine motivado por el elenco; Ethan Hawke, Uma THurman y Jude Law prometían calidad Premium pero lo cierto es que “Gattaca” terminó siendo una de las peores películas que vi en mi vida y realmente no tuve coraje para levantarme y abandonar la sala incluso cuando resultaba harto evidente que la película no levantaría su nivel en lo que restaba del film.

Para los curiosos les dejo acá el tráiler, que tiene la notable rareza de compartir con la película su bajo nivel

Una voz interior dentro de mí me recordaba una y otra vez los $5 que había pagado (unos $45 de hoy) y realmente sentía que si me retiraba antes del final estaría arrojando el dinero a la basura, aun cuando en realidad ya lo había hecho al momento de abonar la entrada.

La misma voz volvió a retumbar en mi cabeza la semana pasada cuando habían pasado 35 minutos del horario acordado y el consultor con el que debía encontrarme no aparecía y otra vez cometí el mismo error; decidí esperar 10 minutos más, porque después de todo ya había esperado tanto, que no estaba dispuesto a dar por perdidos esos preciosos minutos que en rigor ya habían pasado a la parte baja de mi reloj de arena.

Por eso no me sorprendió para nada cuando Diego Focanti me pasó este link a la entrevista que la gente de Canchallena le hizo al Presidente de Boca, Daniel Angelici. (ver nota acá).

“Santiago Silva tiene ofertas de varios clubes en la Argentina y del exterior. Nosotros le estamos debiendo 1.5 millones de dólares a Fiorentina de Italia, por lo que eso es lo que pretende Boca para que se vaya el jugador”, explicó con una lógica aparentemente impecable, el dirigente boquense.

Desde un punto de vista estrictamente económico, quien administra los activos de un club debería tratar de maximizar el valor económico del proyecto futbolístico, o para ponerlo en otros términos, aprovechando la conocida dualidad microeconómica, gastar la menor cantidad de dinero posible para obtener X cantidad de puntos en un campeonato dado.

La cuenta que debería sacar el dirigente es cuánto dinero le entra (o se salva de perder) al club si transfiere (o presta) a Santiago Silva al mejor postor, puesto que como es sabido, el Director Técnico ya ha anunciado que no lo tendrá en cuenta en el próximo campeonato.

Resulta entonces completamente irrelevante el dinero que gastó Boca para comprarlo.

Pero en la psicología humana, tal y como explica este brillante artículo de Hal Arkes (link aquí ) cometemos la falacia de sopesar los costos hundidos en nuestras decisiones futuras por lo que terminamos, como dice en dicho americano; “Tirando plata buena, por plata mala”.

Ahora bien; todos los comportamientos que son subyacentes a nuestra condición humana tienen que haber prestado alguna ventaja evolutiva en el pasado para que se hayan impreso en nuestros genes esas tendencias.

Alternativamente puede pensarse que los comportamientos sesgados son aprendidos, producto de la cultura, pero en el caso de este sesgo cognitivo parece haber evidencia de que está incluso presente en otras especies animales, aunque el punto está en debate (ver acá para una discusión más profunda sobre este tema)

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Lo cierto es que el sesgo de costos hundidos, también llamado “Concorde effect” en alusión al proyecto bi nacional ente Reino Unido y Francia para el desarrollo del poderoso avión que terminó costando más de seis veces lo que se había calculado originalmente (más sobre el proyecto Concorde aquí), es un resultado esperable si se acepta el principio de “aversión a las pérdidas” demostrado empíricamente por Kahneman, en su famosa Prospect Theory (ver artículo de Kahneman acá).

La aversión a las perdidas tiene además lógica evolutiva porque en los tiempos remotos de nuestros antepasados resultaba rentable ser conservador y cuidar lo que se tenía, dado que la prioridad de mirar hacia delante y arriesgar lo seguro podía culminar en la imposibilidad de pasar los genes a la siguiente generación, si las condiciones no resultaban favorables.

Entonces, del mismo modo que el que compró un activo que no para de caer de precio se resiste a venderlo porque no quiere asumir la perdida, quien ya invirtió en un proyecto persiste en él, porque no está dispuesto a aceptar el resultado negativo.

Probablemente paga un costo político el Presidente de un club que vende un jugador por menos plata de la que pagó para comprarlo, porque en el acto reconoce que el negocio que se esperaba con la compra no resultó, pero el dinero en realidad ya está perdido si el jugador bajó en su cotización y se perderá mucho más a futuro si no se aprovecha la posibilidad de transferirlo; máxime teniendo en cuenta que no jugará y se profundizará su desvalorización.