d0085bEl chiste me lo contó Claudio Zuchovicky el otro día, en un bloque de El Inversor. No era exactamente como lo reproduzco acá, pero me gusta darle un giro un poco más dramático, para ilustrar la situación. Resulta que un hombre estaba tratando de convencer a un caballo de que podía vivir sin comer. Lo tuvo 7 días sin darle ningún alimento hasta que la sociedad protectora de animales interpuso un amparo y logró la custodia del animal, quien murió a las pocas horas,  atragantado con una panzada de pasto.

En los fenómenos biológicos suele haber un lag entre las causas y las consecuencias. En los sociales también. Sin embargo nuestro cerebro, ávido por detectar patrones y correlatos, no funciona con la sofisticación necesaria para reconocer los efectos retardados de algunas causas.

Como consecuencia de ello caemos una y otra vez presas del sesgo de correlación espuria, que es el de creer que porque el fenómeno X antecede al fenómeno Y, tiene que ser su causa, sin reconocer que puede existir un fenómeno Z, que sea el que realmente causa a Y, independientemente de que además genere la ocurrencia de X, o no.

De allí provienen muchos mitos y tabúes, como por ejemplo la creencia de que abrir las ventanillas del colectivo en invierno provoca resfriados, cuando lo más probable es que la humedad y el encierro hayan sido los vehículos de trasmisión de la peste, antes de que los viajantes decidieran ventilar el cubículo (créditos a Sergio Mohamed por el ejemplo)

Dos ejemplos concretos de la economía argentina

Quiero dar dos ejemplos en materia de economía, empezando por la caída de la Convertibilidad. ¿Fue el corralito y el ajuste del Presidente  De la Rua la causa del derrape?, ¿o hay que buscar culpables en la combinación de la devaluación del Real (el dólar aumentó en Brasil 63% en enero del 99) y la crisis financiera del sudeste asiático que culminó con la caída de Rusia en septiembre de 1998 y precipitó la fuga de capitales desde los países emergente (incluida Argentina), sumado al déficit fiscal creciente del tesoro argentino, en los años previos?

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El segundo ejemplo es el de la Argentina 2015-2016. No se necesita ser un economista muy sofisticado para comprender que si el promedio de los precios de la economía suben 25% en un año, ni las tarifas de la luz y el gas pueden mantenerse congeladas por siempre ni el dólar puede aumentar menos del 10%, a menos claro está, que se produzca un avance tecnológico que abarate espectacularmente la energía, o que ingresen al país dólares en cataratas, por el boom de los precios de los commodities, o por un shock de inversiones externas. Pero sí se puede mantener por un tiempo la ilusión,  sosteniendo artificialmente los subsidios a la energía (vía emisión monetaria sin respaldo) y racionando por cantidades el mercado de divisas, aun a costa del paro de la industria que lleva 22 meses consecutivos de caída de la producción.

Cuándo asuma el nuevo gobierno y devalúe, además de reducir los subsidios y aumentar las tarifas, ¿Cuál será la lectura de la gente? ¿Comprenderá la población que lo que ocurra en 2016 es consecuencia ineluctable del dispendio y manejo irresponsable de los cuatro años anteriores? ¿O creerán muchos en el descargo del Gobierno, que seguramente dirá “¿vieron?, nosotros no devaluamos, la culpa es de los que vinieron después”?

El dilema griego; ¿es la austeridad o fue el dispendio, la causa de los males?

Como es sabido, entre el 2000 y el 2007 Grecia creció a un ritmo promedio del 4,1% anual, disfrutando de altos niveles de consumo, que eran apuntalados con undéficit fiscal creciente, que en promedio representó el 5,5% del PBI, en un contexto de crecimiento económico. Tampoco se necesita ser un economista profesional para comprender que si el Tesoro gastaba más de la cuenta en pleno auge de la economía, estaría en serios problemas cuando vinieran épocas de vacas flacas, porque en los momentos de recesión los ingresos caen mucho más fuerte que los gastos. Fue así que los griegos pasaron de tener un déficit fiscal del 6,7% del PBI en el 2007, a un 15,2% en el 2009, haciendo explotar la deuda pública y poniendo al país al borde del default. ¿Pero quién es el responsable de la crisis? ¿El programa irresponsable que endeudó al país y colapsó las finanzas públicas, o el que vino después e intentó corregir el déficit? ¿Y si cae Grecia fuera del Euro (cosa que no creo que ocurra, de todos modos), sería la izquierda de Tsipras la responsable del colapso? ¿Puede atribuírsele al joven gobierno impericia en el establecimiento del corralito que desde el lunes pasado retienen los fondos de los ahorristas helenos? ¿Es la austeridad de los últimos años, o el dispendio de la década que lo precedió, la causa de la crisis actual?

Y la pregunta más importante de todas. Si los votantes caemos presa del sesgo de correlación espuria, ¿puede depender la política económica coyuntural, de la voluntad popular, o debe dejarse al pueblo la responsabilidad de elegir los grandes rumbos, reservándose a una institución supra nacional, de carácter técnico y con garantía de estabilidad,  la regulación de la política monetaria y fiscal?

 

Disclaimer contra personas que caen en el sesgo de salto a conclusiones:

 

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Que yo crea que la causa de la crisis Griega fue la irresponsable política económica previa a la crisis del 2008-2009, no implica que piense que la generación actual tenga que pagar con hambre y recesión los errores pasados. Como expliqué en esta columna, entiendo que la solución pasa por una combinación de quita de deuda + bonos atados al PBI, de suerte tal que acreedores y deudores acaben compartiendo conjuntamente la responsabilidad, maximizando al mismo tiempo el crecimiento griego.

De similar manera, que yo piense que la rigidez de la  convertibilidad fue la causa de la crisis del 2001, no implica que apoye la “salida argentina” del 2002, que en esencia fue un coctel explosivo de mega devaluación, estatización de deudas privadas, y default mal resuelto.

Por último y en la misma línea. Cuando digo que el atraso cambiario actual es insostenible en Argentina, eso no me convierte en un partidario de la devaluación de la moneda, sino en un oponente acérrimo a las sobrevaluaciones artificiales. La devaluación que sobreviene inexorablemente a una sobrevaluación artificial es responsabilidad de haber atrasado el tipo de cambio en primer lugar, del mismo modo que la resaca es la consecuencia de los excesos en la fiesta de la noche anterior. La no comprensión de este punto es un perfecto ejemplo del sesgo de confundir la regresión a la media, con un fenómeno de correlación, que por ende es solo espuria.

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