Fuente: EL ECONOMISTA

El ministro dio la entrevista exactamente hace cuatro años, cuando obviamente no era aún funcionario de esa cartera. Página12 tituló “Teorema cambiario” a la tesis de Kicillof que planteaba a la planificación económica como la superación del dilema entre el atraso cambiario recesivo y la devaluación inflacionaria.

En un borbotón de franqueza, el entonces académico postuló que “el famoso ‘modelo’ en su aspecto macroeconómico es, en lo fundamental, un cóctel de tipo de cambio alto y retenciones. Así visto, en su esencia, poco tiene de original: a grandes trazos, se trata de un esquema de protección de la industria basado en la transferencia de parte del excedente del agro”.

Claro que desde entonces el dólar se hizo cada vez más barato y el peso fue inflando el pecho artificialmente, como esos patovicas que abusan de los anabólicos cuando se acerca una competencia de fisicoculturismo.

Las retenciones quedaron, pero la protección a la industria que, como el ministro reconoció en aquella columna, ya se venía debilitando desde el 2007 por culpa de la inflación, desapareció por completo. Para tener una idea del atraso cambiario, los salarios de los trabajadores registrados, en dólares constantes del 2010, crecieron 21% en los últimos cuatro años, en un contexto de crecimiento nulo de la productividad laboral de la industria (de 0,18% para ser más justos). Para que hoy la situación fuera similar a la que prevalecía en diciembre del 2010 el Gobierno debería devaluar el peso, llevando el dólar a $10,40.

Puesto en claro: el modelo hasta el 2007 estaba basado en el dólar alto, desde entonces es soja y suerte.

La nueva convertibilidad

Proféticamente sentenció Axel en aquella columna visionaria, que “acaso se ha alcanzado ya un punto en que la moneda se apreció en tal medida en términos reales que, de seguir haciéndolo, probablemente se detenga la inflación pero al costo de hundir al sector menos productivo que proliferó en esta última etapa y, con él, al empleo que ha creado. La apreciación es un gran negocio financiero y tal vez tenga un efecto neutro para los sectores exportadores con un fuerte componente de insumos importados, pero lo cierto es que esta salida es recesiva, tal como lo fue en los noventa”.

Sin embargo, el Gobierno eligió el camino de la apreciación real, quizás motivado por la ilusión de que el boom de consumo que generó podía durar para siempre. Inflado con el anabólico de los salarios artificialmente altos en dólares, más un crédito que se expandía al 18,7% en términos reales, el consumo creció 16,8% entre fines del 2010 y fines del 2013. El producto, sin embargo, sólo se expandió 9,4% en el ínterin. Como no se puede consumir lo que no se produce, la brecha generó presiones inflacionarias y escasez de dólares por su presión en las importaciones.

El colapso es conocido. El BCRA perdió US$ 23.000 millones en dos años y medio, el Gobierno debió devaluar y la medida hundió 23% la confianza de los consumidores. Si bien la crisis financiera hoy parece controlada, la incertidumbre persiste y la demanda de crédito, que venía expandiéndose al 7% anual en términos reales, se contrajo 18% en lo que va del año.

El 2015, otro año de atraso cambiario

Sin embargo, elecciones mediante, las esperanzas de que el Gobierno modifique la paridad cambiaria el año próximo son prácticamente nulas. La obstinación, no obstante, puede no ser tan negativa para el año venidero, toda vez que si no se abandona el financiamiento del déficit fiscal con emisión monetaria, cualquier corrección cambiaria implica o mayor inflación o mayor recesión, vía la suba de la tasa de interés.

Con el dólar congelado y los precios corriendo a una velocidad estable del 28% anual (promedio últimos siete meses de inflacionverdadera. com), es plausible que el consumo, que según CAME viene cayendo al 4,9% interanual, deje de caer en 2015, si dejan de perderse empleos.

Si bien la economía tiene hoy 450.000 puestos de trabajo menos que en 2013, es razonable pensar que pocas empresas que tuvieron espaldas para aguantar la plantilla durante este último año, no lo hagan también en los próximos meses, sabiendo que a fin de año, incluso si gana Daniel Scioli, cambia el Gobierno.

La lectura de los números duros coincide además con las expectativas, porque si miramos el Indice de Confianza del Consumidor (ICC) de la Universidad Di Tella, vemos que recortó buena parte de la fuerte caída de febrero, luego de la devaluación, presentando valores similares a los de mediados de 2012. El nivel no se corresponde con el de un año de crecimiento económico, pero tampoco con uno de fuerte recesión. Salvo una tormenta perfecta, 2015 va camino a ser una copia del 2012.

Habrá que sortear, es cierto, una paritaria complicada, porque las expectativas de inflación (UTDT) están en el 37,6% y los precios avanzan en realidad diez puntos por debajo.

Sin soja, la clave es esquivar la tormenta perfecta

En la última reunión de la AAEP, en Posadas, Hildegart Ahumada y Magdalena Cornejo presentaron el trabajo “How to forecast food prices” (Cómo pronosticar el precio de los alimentos) en el que concluyeron que es altamente probable que los commodities se estaciones en los niveles de precios del 2005 por los próximos dos años.

Con menos dólares comerciales y mayor presión por el agravamiento del atraso cambiario, octubre del 2015 será un mes dramático si Argentina no logra refinanciar los US$ 6.000 millones remanentes del Boden 2015.

Con reservas en US$ 25.000 millones y la base monetaria rondando los $500.000 millones, el dólar cobertura oscilaría en torno de los $20, una barrera psicológica que nadie quiere pasar en medio de una contienda electoral, en un país en el que los ciudadanos votan con el bolsillo y las expectativas económicas de los consumidores se forman mirando la evolución de la moneda estadounidense.

Estoy convencido, sin embargo, de que el papelón del canje de la semana pasada servirá para que los cráneos de la Secretaría de Financiamiento comprendan que no se puede fijar precio y cantidad simultáneamente. Quedó demostrado que el país consigue dólares a diez meses, con un premio del 10%, pero que no hay nadie dispuesto a prestar al 9,25% a diez años. Habrá que pagar tasas de default.

Sobre fin de año, la hora de la verdad

Agotado el modelo y venga quien viniere, habrá que sincerar la economía en los primeros días del nuevo Gobierno. Es mentira que la electricidad, el gas y el transporte sean virtualmente gratuitos en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Tampoco es verdad que un dólar cueste $8,55, ni que el Tesoro pueda financiarse emitiendo papelitos de colores.

Habrá que corregir los precios relativos, abandonar el cepo y devolverle el Banco Central al Poder Legislativo.

Si esto sucede a fines del 2015, los precios van a pegar un salto, pero paradójicamente la inflación se va frenar, porque no habrá expectativas de devaluación, fluirán capitales, volverá la confianza en la moneda y la economía recuperará el sendero del crecimiento sostenible.