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La última semana empezó con una bocanada de racionalidad. En una entrevista a Carlos Pagni en la que el Ministro de Economía se pareció mas a Nicolino Locche que a Carlos Monzón, Guzman volvió sobre un punto que había hecho días atrás en Catamarca y dijo que era una condición necesaria que crecieran las exportaciones para que el eventual crecimiento de la economía se pudiera sostener. 

Hace una década que Argentina está estancada porque entre 1998 (pico anterior) y 2011 (último pico) las cantidades exportadas crecieron un 41% mientras que las cantidades importadas lo hicieron casi el doble; un 73%, en un contexto en el que la economía creció un 65% y aún cuando en el punto de partida de fines de la década del 90 había un déficit de casi 5.000 millones de dólares. Cepo mediante, en el último período de CFK cayeron tanto las cantidades exportadas como las importadas, pero mientras que estas últimas lo hicieron un 11%, las ventas externas se desplomaron 17% haciendo que el desequilibrio fuera aun mayor.

El exceso de absorción doméstica, que se expresa en el déficit de cuenta corriente y que en la práctica implica que la economía consume más de lo que produce, puede sostenerse transitoriamente con ingresos de divisas provenientes de las privatizaciones, la deuda, o un boom de precios internacionales de commodities, pero ninguna de esas tres fuentes es sostenible en el largo plazo y la inversión extranjera directa, que es la única que podría financiar el desequilibrio, no viene en condiciones de incertidumbre político-institucional, o cuando la presión fiscal y regulatoria es mayor que en destinos alternativos.

Como consecuencia, el crecimiento sin despegue de las exportaciones es seguido por períodos de crisis en los que, por las buenas o por las malas, se ajusta el sector externo.

Por eso es promisorio que se empiece a construir un consenso en torno a la necesidad de que las exportaciones sean el motor del desarrollo, aún cuando está claro que la visión del ministro no es la dominante en el oficialismo y la política económica tiene un claro sesgo antiexportador.

Sin embargo, la racionalidad duró poco. El miércoles se publicó en el boletín oficial la resolución 237 de la Secretaría de Comercio por la que se crea el sistema de información SIPRE que, si bien no implica un gasto significativo, ni se trata de una regulación o impuesto nuevo, pone de manifiesto que el gobierno está desorientado respecto de las causas de los faltantes de algunos productos en góndola y la subida de los precios. Peor aún; cree que esa información sobre precios, ventas y stocks de todas las empresas no pymes, le va a servir para dictar políticas que resuelvan esos problemas.

En los últimos 12 meses, atravesados por la pandemia, el BCRA le transfirió al Tesoro $1.977.702 millones, que representaban el doble de todo el circulante en poder del público. Si el aluvión de pesos no inundó la economía fue porque el gobierno construyo varios diques; para empezar porque el BCRA absorbió dos terceras partes con pases, leliqs y encajes, pero para seguir porque mantiene controlados varios precios clave de la economía, desde el dólar a las tarifas de servicios públicos, pasando por los precios máximos en mas de 2000 productos y los programas de precios cuidados que regulan otros 660 alimentos. Así, el 40% de inflación acumulada en los últimos doce meses es el promedio entre los regulados que suben 21%, los bienes y servicios núcleo que trepan 43% (incluyendo los productos que están en precios máximos y cuidados) y los estacionales que explotan 64%. Esto último es extraño, porque el precio de los alquileres en Mar del Plata sube en enero, pero baja en mayo y lo mismo ocurre con la lechuga y el tomate. En un año normal, los estacionales crecen lo mismo que el promedio de los precios no regulados, pero 2020 no fue un año normal y desde marzo se divorciaron

Más allá de algún cambio en los precios relativos (la pandemia abarató alquileres comerciales y las computadoras son mas demandas, por ejemplo), en una economía con 54% mas de circulante y sin un crecimiento de la demanda transaccional real de dinero, no se necesita un sistema informativo revolucionario para saber que si no se trata de un precio fijado artificialmente por el gobierno, seguro que va por arriba de la inflación, como tampoco tiene sentido exigir holgura de stocks en aquellos sectores que fueron obligados a ajustar sus precios por debajo del promedio de la inflación. Como explicamos en los cursos introductorios de la universidad; no se puede fijar el precio y la cantidad de un mercado simultáneamente; hay que elegir y así como la consecuencia del sesgo antiexportador que aumenta el precio interno de las importaciones restringiéndolas y baja el de las exportaciones con retenciones, es el de producir obviamente menos cantidades exportadas, el resultado de los precios máximos y controlados es la menor disponibilidad de cantidades y la mayor suba en el resto de los bienes no regulados, donde el exceso monetario se expresa con mas presión por un efecto similar al de poner el dedo en la manguera cuando se está regando.