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Fuente: BRANDO

Es tiempo de commodities, incluso en el fútbol. Quiénes ganan en el torneo argentino que nos toca sufrir.

La soja gusta, golea y gana: las dos provincias que lideran su producción en la Argentina -Santa Fe y Córdoba- alojan a tres de los cuatro equipos ascendidos a Primera (Rafaela, Unión y Belgrano). Y el cuarto, San Martín, viene de San Juan, una provincia minera, otra de las estrellas detrás de la expansión económica del país.

Los servicios, relegados en el actual modelo a tal punto que generan sólo el 0,7 por ciento de las exportaciones, son aquello en lo que se especializa la ciudad de Buenos Aires y su área metropolitana. ¿Cómo les fue a sus equipos? Mal: los cuatro que descendieron (River, Gimnasia, Huracán y Quilmes) son de esa zona.

Y si a alguien le quedan dudas acerca de la correlación entre billetera y rendimiento futbolístico, sería bueno que se diera una vuelta por la página de Transfermarkt.de. Esta gente ha hecho un cálculo del valor de mercado de los planteles de la mayoría de los clubes del planeta. Revisando los números, los equipos más económicos de primera división durante la última temporada fueron Quilmes (10.573.795 dólares), All Boys (13.290.722), Olimpo (14.910.843), Huracán (15.412.650) y Gimnasia (18.781.927). Sumando los puntos del torneo Apertura y del Clausura, tres de esos equipos son los que peor rindieron en la tabla, al punto que terminaron descendiendo.

En la otra punta, Vélez tiene el plantel mejor valuado del campeonato: sus 54.768.647 dólares le permitieron alzarse con el título del Clausura y salir primero en la tabla agregada (Apertura + Clausura). Estudiantes, que salió segundo con 69 puntos entre los dos torneos, tiene un plantel de 42.080.120 dólares. El plantel del subcampeón del Clausura y tercero de la tabla global, Lanús, cotiza en 37.672.819 dólares.

Intrigado, hice un cálculo econométrico del impacto del valor de cada plantel en los resultados.Casi el 45 por ciento de los puntos obtenidos dependen de la cotización de los planteles.Tanto es así que cada millón de dólares que aumenta la valorización de un equipo le permite obtener 1,3 puntos más en el campeonato. Convirtiendo el dinero en puntos de acuerdo con esta relación, la distancia futbolística entre los últimos cuatro de la tabla de Primera y los primeros cuatro del Nacional B (cotizados en torno de los 9,3 millones de dólares) es de 4,5 puntos, mientras que la distancia futbolística que los separa de Vélez o de Estudiantes es del orden de los 24,7 puntos. Por esta razón es que se puede decir que el campeonato en el que se tendrán que desempeñar los de Núñez a partir de este mes es muy parecido en su nivel al de la mitad inferior del torneo de Primera.

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El fútbol se ha emparejado y el potencial de los equipos del interior parece depender de la pujanza económica de sus regiones de pertenencia. La discusión que se abre a partir de esto es si River y los demás metropolitanos descendidos podrán sostener planteles con cotizaciones acordes con las de un equipo con aspiraciones a ascender, puesto que los ingresos del Nacional B no son los de Primera.

River y Rosario Central seguramente armarán escuadras competitivas. En el caso de los de Núñez, sus ingresos por sponsors caerán unos 30 millones de pesos y, de no mediar la intervención de AFA (o del Gobierno), perderá otros 27 millones en derechos de televisación. Igual, su fortaleza se sustenta en los 81 mil socios que pagan una cuota que oscila entre 85 y 130 pesos, lo que le genera al club unos ocho millones por mes. Los rosarinos también se sustentan económicamente en los 23 millones de pesos que recaudan por cuotas sociales y en los 9 millones provenientes de la venta de entradas (la TV les reporta sólo 3 millones, el 10% de lo que recibieron River y Boca en el último campeonato).

Gimnasia, Huracán y Quilmes están muchísimo más complicados, puesto que sólo cuentan con el aporte de entre 13.500 (el Globo) y 18.000 (el Lobo) socios, que en promedio pagan cuotas de 45 pesos, que generan ingresos que apenas cubren los sueldos del personal. Para ellos, los 13 millones de ingresos por televisación que deberán resignar representan más del 50% del presupuesto, que era el excedente con el que se financiaba el fútbol.

Sin la plata de la soja ni la de la minería y menguado el respaldo de la televisión, los metropolitanos chicos y medianos deberán conformarse con planteles sin aspiraciones competitivas serias, a menos que doblen la cantidad de socios, peleen por mejores derechos de TV, o cambie el modelo económico actual y favorezca nuevamente la producción de servicios, puesto que esto incrementaría los salarios de la mayoría de los hinchas que trabajan en ese sector y permitiría aumentar los valores de las entradas y de las cuotas sociales.

Así de simple, y frío, es el mundo del fútbol.