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El domingo 26 de junio del 2011 fue un día de luto para los hinchas de River Plate. El equipo dirigido por J.J. Lopez empató 1 a 1 con Belgrano de Córdoba y no pudo remontar el resultado negativo en el partido de ida correspondiente a la promoción. Sesenta mil mudas almas contrastaron con la furia del Tano Pasman, que en el living de su casa maldecía el descenso.

Lo cierto es que el sistema fue injusto con Juan José López y la historia lo condenó por comandar el Titanic, aun cuando en los últimos seis partidos del Torneo Apertura 2010 se hizo cargo de un equipo deshilachado y sacó 13 de los 18 puntos en disputa, para cosechar al año siguiente 26 tantos en 19 fechas. River se fue a la B a pesar de terminar ese año noveno, por el arrastre del último puesto del Apertura 2008 en los promedios.

Una cosa similar le acaba de ocurrir al artífice de la salida del cepo, el arreglo del default y el blanqueo más exitoso de la historia. Alfonso Prat-Gay se va de Economía porque el derrumbe del primer semestre arrastra todos los indicadores interanuales que comparan con igual mes del año pasado, incluso cuando todas las variables muestran que lo peor ya quedó atrás y la actividad se está recuperando.

Tomemos por ejemplo el caso de la inflación. El combo de devaluación, baja de retenciones y tarifazo aceleró los precios que, según el promedio de las direcciones provinciales de estadísticas, venían creciendo al 28% en 2015 y seis meses después perforaban el techo del 40%. Desde julio la inflación mensual no hace más que bajar, pero como el índice anual arrastra los meses malos, el indicador no baja de 40%.

Lo mismo ocurre, por ejemplo, con la actividad económica. El estimador mensual del INDEC (EMAE) cayó desde junio del 2015 hasta el mismo mes de este año y se mantiene prácticamente sin cambios en los últimos cinco meses. Sin embargo, cuando la comparación se hace contra el mismo período del año anterior, el arrastre de la caída inicial condena al presente.

Año nuevo, ministro nuevo

El 31 a la noche levanté la copa, hice el balance y le prometí el oro y el moro al 2017. Ahora sí, a partir del año nuevo empiezo el gimnasio, pido una readmisión en la facultad, termino la tesis, me cambio de trabajo, hago ese viaje que vengo postergando, arreglo la casa, estudio inglés, empiezo terapia y un larguísimo etcétera. Nunca se preguntó por qué razón todas estas promesas se hacen el 31 y no el 30, o el 4 de junio. Richard Thaler, de la Universidad de Chicago, bautizó a este caso como “el problema de las cuentas mentales”; cognitivamente tenemos “un cajón mental” para 2016 y otro para 2017.

Un conocido banco que opera en el mercado local hizo hace unos años una memorable publicidad en la que un padre de familia se dirimía respecto de qué frasco sacar el dinero para arreglar la heladera. ¿Usaba los ahorros para la fiesta de 15 de la nena? ¿O rompía el chanchito que atesoraba las monedas para la patineta del nene? Desde una perspectiva contable, lo mismo da; después de todo, el dinero es fungible y los 100 pesos que tenían como destino el pago del alquiler, son exactamente iguales que los 100 que pensábamos gastar en los regalos de Navidad. Sin embargo, por una falla en el funcionamiento cognitivo, no nos gusta meter todo en la misma bolsa y le vemos una cara distinta al dinero que proviene de distintas fuentes o que pensamos gastar en cosas diferentes. Por el mismo fenómeno cognitivo ponemos las cosas que pasan antes del 31 de enero en un cajón mental diferente del que asignamos a los acontecimientos que ocurren del otro lado de esa simbólica fecha.

Si este año hubo inflación, recesión, devaluación, tarifazo, todo eso tiene la etiqueta del 2016 en la frente y quedará encerrado en la caja del año que se termina, junto con la figura simbólica que por su cargo paga los platos rotos. Le toca a Prat- Gay el estigma que ya sufrió Jorge Remes Lenicov en 2002. Nicolás Dujovne arranca de cero, asume en 2017 y será la cara visible de lo que ocurra de acá en adelante. En la analogía le toca el papel de Roberto Lavagna, que recordemos asumió con la devaluación ya hecha y cuando el ajuste ya se había materializado.

El efecto estadística

Pero hay una ventaja más para el flamante ministro de Hacienda porque, así como Matías Almeyda agarró un plantel que no era el que había protagonizado la patética campaña del 2008, que a la postre sentenciaría el descenso de River, sino el que había salido noveno en el campeonato de primera, Nicolás Dujovne agarra una economía con inflación a la baja, que ya dejó atrás lo peor de la recesión y muestra numerosas señales de recuperación.

Claro, el problema es que no se nota en las estadísticas porque, como ocurrió con el River del 2011, arrastran el pésimo primer semestre. Pero en los próximos seis meses, solo por un artificio de las estadísticas, los números mejorarán de manera espectacular y el flamante funcionario cosechará los laureles.

Pensemos nuevamente en la inflación. En la segunda semana de enero se conocerá el número de diciembre que, según las estimaciones del consenso de las consultoras privadas, rondará el 1,5%. Cuando se tome la variación interanual en los precios, la inflación empezará a bajar de manera notable, porque sale de la cuenta el mismo mes del 2015 que tuvo casi el triple de aumentos. Así sucesivamente, en los próximos seis meses seguirá entrando un mes de baja inflación y saliendo del cómputo un período de altos incrementos de precios, por lo que la inflación interanual que por ejemplo en la Ciudad de Buenos Aires acumuló 44,8% en los últimos 12 meses, se derrumbará a menos de la mitad, de acá a junio.

Lo mismo ocurrirá con la construcción, con la industria y con el consumo de los hogares. Sistemáticamente, las estadísticas interanuales señalarán una recuperación, porque ahora la comparación empezará a hacerse de lleno contra un año muy malo, de modo que Guatemala acabará luciendo, por efecto estadística, mejor que Guatepeor.

Por supuesto, habrá que buscar un culpable de la recuperación, porque a los seres humanos nos encanta enmarcar los hechos dentro de historias que doten de sentido a los fríos datos de la realidad. El golpe de timón del Presidente, que en rigor fue más una obra del súper ministro Marcos Peña, se llevará las palmas. Nicolás Dujovne se erigirá en el imaginario popular como el artífice de los buenos números, más allá de que es muy probable, porque talento no le falta, que aporte también su contribución a la recuperación real de la economía.

fuente: CLARÍN