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Palabra más palabra menos, ese es el título del capítulo para Argentina del próximo Handbook of Happiness, que editará próximamente Elsevier y que escribimos junto a Pablo Schiaffino

Esta novedosa (para muchos) rama de la economía nace a partir de un famoso trabajo de Richard Easterlin (link acá al trabajo), quien demostró hacen ya 38 años que ni en los países con ingresos más altos es donde la gente es más feliz, ni tampoco aumenta la felicidad en un mismo país por más que el ingreso per cápita suba, incluso aunque lo haga de manera notable.

El resultado, que se conoce desde entonces como “La Paradoja de Easterlin”, generó una gran controversia al punto que cientos de papers analñizaron una y otra vez los datos, estudiaron datos nuevos y tejieron las mas diversas conjeturas desde entonces.

Un buen resumen de ese debate es el más reciente paper de Easterlin (2011)(link acá).

En este post me propongo adelantar un resultado interesante, que es el de la evolución de la felicidad en Argentina, desde 1984 a la fecha. Luego de la publicación del capítulo compartiré otros resultados jugosos con ustedes

En rigor la pregunta que seguimos a lo largo del tiempo (primero en el World Value Survey y luego en los relevamientos recientes de Gallup-Universidad de Palermo)fue:
“Teniendo todo en cuenta, en general, cuan satisfecho está usted con su vida en una escala de 1 a 10, donde 1 significa para nada satisfecho y 10 quiere decir totalmente satisfecho”

El siguiente gráfico ilustra los intervalos de confianza del 95% de los resultados de los distintos años

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Como se trata de una muestra representativa y no de un censo, no puede decirse que precisión que un año determinado la satisfacción con la vida se tal o cual, sino que lo que puede afirmarse es que estará en un rango, que en el gráfico anterior está graficado en el largo de cada barrita; así cuando dos barritas no se separan completamente (como sucede entre 1999 y 2011) sino que se solapan en parte (como ocurre entre 2006 y 2012)no puede decirse que exista una diferencia estadísticamente significativa en la felicidad de los argentinos para esos dos años.

Con esa aclaración en mente, la felicidad subió claramente en 1991, cayó en 1995, volvió a subir en 1999 y lo hizo nuevamente en 2006. Luego subió hasta principios del 2011, pero como hay una ligera caída luego, finalmente no puede concluirse que haya cambiado entre 2006 y 2012.

Este resultado es notablemente paradógico, porque en 1991 el ingreso per cápita no era superior al de 1984, en 1995 de hecho era superior al de 1991 y en 2012 es mucho más alto que para el 2006 (de acuerdo a los computos oficiales subió al 5,6% por año.

La hipótesis más fuerte (coincidente con los cambios en la felicidad a nivel regional), es que la variable relevante no es el ingreso sino el empleo. Por esa razón se observa una caída fuerte en 1995 (desempleo según INDEC 16,6%), una mejora para 1999 (desempleo 13,8%), un salto grande hasta el 2006 (8,7% de desempleo) y luego se congela el crecimiento (el desempleo solo baja hasta el 7,6% de la última medición.

Podemos concluir entonces que el ingreso no hace la felicidad (no insitamos con el PBI per cápita), pero la falta de su fuente (el desempleo) nos hace absolutamente miserables.