Fuente: ELDIA.COM

Mauricio Macri hizo la declaración en medio de una entrevista radial al comienzo de la semana y disparó un debate que lo dominó prácticamente todo durante los últimos días; dijo que si llegaba al poder terminaría con el cepo el 11 de diciembre, en el primer día de su gobierno

Le faltó al periodista una pregunta clave: ¿A qué precio del dólar?.

Me explico. El cepo al dólar fue impuesto en noviembre del 2011 y profundizado durante el 2012 como una estrategia para frenar la sangría de las reservas en un contexto en el que en Argentina los precios de los bienes y servicios habían acumulado 170% de aumentos en los cuatro años anteriores, mientras que el dólar había subido sólo 42% en el ínterin. En castellano; el dólar había quedado atrasado, artificialmente barato en relación al resto de los bienes de la economía.

Cuando cualquier bien o servicio resulta excesivamente barato, se produce un exceso de demanda: una avalancha de consumidores que quieren hacerse de lo que se está regalando, antes que se acabe la ganga y el precio vuelva a representar la real escasez del producto.

“No es posible eliminar el cepo y mantener el dólar al valor actual, sin devaluar”

Entre blanquear la realidad reconociendo la devaluación del peso que la inflación había generado, y racionar la demanda con restricciones a las compras, el Gobierno decidió el segundo camino.

El problema es que desde la imposición del cepo la situación no mejoró sino todo lo contrario. En primer lugar porque hubo un 133% de inflación desde noviembre del 2011, pero el dólar aumentó solo 107% en ese período, profundizando el atraso. En segundo lugar porque los precios internacionales de los productos que exportamos perdieron mucho terreno y ya no tenemos una soja de 500 dólares por tonelada, sino que debemos conformarnos con 350. Encima Brasil, nuestro principal comprador de productos industriales, devaluó fuertemente en los últimos meses (el dólar aumentó un 45% en el vecino país). Y por si todo esto fuera poco el billete norteamericano se fortaleció respecto de las demás monedas, al punto que el euro que salía 1,35 dólares hace un año, hoy cotiza a tan solo 1,08.

Esto quiere decir que el dólar, en comparación con otros bienes y en relación a lo que pasa en otros países, está incluso más barato que en el momento en el que se puso el cepo, de modo que no es posible eliminar el cepo y mantener el dólar al valor actual, sin devaluar. O se ajusta por precio y sube el dólar, o se ajusta por cantidad y nos quedamos sin reservas.

La ingenuidad de Macri es que cree que no será necesario devaluar porque su imagen “market friendly” atraerá inversiones y por lo tanto en vez de faltar dólares, van a sobrar.

El problema es que, aunque es altamente probable que un nuevo gobierno atraiga inversiones (y lo mismo ocurrirá si ganan Massa o Scioli), tampoco lloverán capitales instantáneamente el mismo día que asuma el nuevo Presidente. Hay un problema de timming.

En el corto plazo la eliminación del cepo generará ineluctablemente o bien una brusca caída en las reservas o bien una fuerte suba del dólar.

Si el nuevo gobierno deja que aumente la moneda extranjera, se producirá una sobrerreacción que hará que el dólar suba mucho en los primeros días, erosionando las expectativas. El fenómeno es conocido por los economistas y es una regularidad que ha ocurrido en todos los países que tenían un tipo de cambio reprimido y deciden normalizarlo. Por caso recuérdese que cuando abandonamos la Convertibilidad en el 2002, el dólar se fue primero a $4, para retroceder luego a 3 pesos por billete verde, unos meses después.

Si por el contrario el flamante mandatario elige aguantar con las reservas sin dejar que suba el dólar, lo que va a pasar es que tendrá una hemorragia de reservas que frenará el ingreso de inversiones hasta que se produzca la devaluación, porque sin reservas el tipo de cambio no puede aguantar mucho tiempo sin acusar recibo y nadie quiere apurarse a entrar cuando sabe que si espera conseguirá más pesos por sus dólares.

¿ENTONCES NO SE PUEDE SALIR DEL CEPO?

La respuesta es que sí, pero hay que sincerar el valor del dólar, que en la práctica es equivalente a reconocer la real inflación que hubo en la Argentina en los últimos 8 años. Si una cerveza, una coca, o una hamburguesa de McDonald’s que en los 90 valían 1 peso, hoy cuestan entre $15 y $20, no es posible sostener que un dólar salga la mitad, cuando encima no hay divisas.

Obviamente a uno le gustaría tener una moneda fuerte y que la devaluación no se produzca, pero es irreal pensar que nuestra moneda puede valer más que el dólar. Ya vimos como terminó la ilusión del 1 a 1.

Por último, nada obsta que no sea el propio Kicillof el que abandone el cepo unos días antes de que se le termine el mandato a la Presidenta.

Sería una jugada fantástica, porque cosecharía el mérito político de haber removido la distorsión y forzaría al nuevo gobierno a devaluar o poner nuevamente el cepo ni bien asuma.

Además tampoco habría queja posible, porque si Macri dice que puede levantar el cepo el 11 de diciembre, ¿cuál sería el problema si el gobierno se lo levanta una semana antes?.