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Voy a empezar esta columna de un modo no convencional. Quiero proponerles un desafío. Adivinen quien dijo: “La cantidad de los billetes de papel está determinada por la cantidad de dinero de oro que los mismos representan en la circulación, y puesto que sólo son signos de valor en la medida en que lo representan, su valor está simplemente determinado por su cantidad”.

Podría haber sido Milton Friedman ¿verdad? Después de todo, la frase, no es otra cosa que una mezcla entre la teoría monetarista y la convertibilidad. Es más, el mismo pensador decía que “ en el caso de que fuera quebrantada seriamente la confianza en el gobierno o que (el) papel moneda fuera emitido en proporciones superiores a las necesidades de circulación, (ese) papel dejaría de equivaler en la práctica al metal (que lo respalda) y se depreciaría en cuanto ha caído por debajo del valor expresado en su título” .

Mantendré la incógnita hasta el final del artículo, pero ese es el corazón de lo que quiero discutir hoy ¿Existe o no una relación entre el precio del dólar, la cantidad de pesos que hay en la economía y la cantidad de reservas que posee el Banco Central?.

Si nos remitimos a mirar lo que ha ocurrido desde la imposición del cepo en nuestro país, hace prácticamente cuatro años atrás, la respuesta es un rotundo sí. Sistemáticamente el dólar blue ha tenido un valor equivalente a la relación entre la base monetaria (pesos) y las reservas (dólares). De hecho, en 2011 había $4,25 por cada dólar de reservas y eso era exactamente lo que costaba el dólar paralelo entonces, mientras que hasta hace una semana había 16 pesos por cada billete verde en poder del Banco Central y ese era el precio que había que pagar por el dólar ilegal.

FUNDAMENTO TEORICO

Muchos críticos de esta relación sostienen que aunque es verdad que en los últimos años el precio del blue ha reflejado fielmente la relación entre la cantidad de pesos de la economía y los dólares que había en las reservas del BCRA, eso puede haber ocurrido simplemente de casualidad puesto que “no existe ningún fundamento teórico para tal afirmación”.

El problema con esa objeción es que es incorrecta. Basta repasar la historia de la moneda para comprender por qué efectivamente son tan importantes las reservas en este momento.

Antes de que existieran los billetes, que no tienen ningún valor intrínseco, porque en última instancia solo se trata de meros papeles impresos, la gente utilizaba mercancías como dinero y de hecho la función del Estado pasaba por certificar los pesos de esos productos, de allí que en nuestro país como en tantos otros, la denominación monetaria sea el “Peso”, mientras que en Inglaterra, por poner otro ejemplo, la moneda es la “Libra” que también corresponde a una unidad de peso.

Las primeras formas de dinero fiduciario, que es el nombre con el que se conoce a los billetes o monedas que no poseen valor intrínseco, eran 100% convertibles y no resulta difícil imaginar cómo una persona que recibía uno de esos papeles, corría raudo a cambiarlos por el “vil metal”. De hecho, la cita con la que comenzamos esta columna es de hace 150 años atrás, cuando en la mentalidad de los economistas de ese entonces, todo dinero fiduciario valía solo en la medida del metal que lo respaldaba.

Paulatinamente y en la medida que los poseedores de billetes convertibles confirmaban una y otra vez la factibilidad de cambiarlos por oro y plata, fue construyéndose tal confianza en ese dinero, que ya no resultaba necesario respaldarlo completamente con metales preciosos, puesto que no solo se descontaba la garantía de cambiarlos en el momento que se quisiera, sino que, sobre todo, se trataba de una certidumbre compartida colectivamente, lo que aseguraba la aceptabilidad masiva de esos medios de pago, en las transacciones de todos los días.

Por esta razón es que la relación que existe entre el precio del dólar, la cantidad de pesos y las reservas de la autoridad monetaria, depende crucialmente del nivel de confianza en la moneda, que se expresa en la demanda que la gente hace de los billetes emitidos por nuestro país.

Si los argentinos ahorraran en moneda nacional y guardaran billetes de Roca o Evita bajo el colchón, sería irrelevante la cantidad de pesos y de dólares que hubiera en la economía. Pero es difícil imaginar que alguien quiera conservar una moneda que por efecto de la inflación pierde un cuarto de su capacidad adquisitiva por año, por la misma razón que nadie dejaría el helado afuera de la heladera.

La inflación destruye la demanda de dinero y cuando la única alternativa son los dólares, la relación entre la cantidad de pesos y las reservas es inevitable.

Por esta razón, la suerte del dólar en la transición hasta el nuevo gobierno depende del éxito que tenga esta Administración en recomponer las reservas caídas luego del pago de deuda del 3 de octubre, porque por culpa de ese pago hoy hay $19,50 por cada dólar de reservas.

Si fracasa en el intento, lo único que puede frenar al dólar es la creencia socialmente compartida de que el nuevo gobierno sí logrará conseguir divisas rápidamente, o conseguirá bajar la inflación de manera casi instantánea.

Por eso cuando el ministro ningunea los desesperados intentos por arreglar con los buitres y volver a conseguir financiamiento de organismos internacionales como el FMI, por parte de los principales asesores económicos de los dos candidatos con chances de llegar a la Presidencia, se cava su propia fosa, aumentando las chances de despedirse en medio de una corrida cambiaria memorable.

Ojalá les sirva a Axel Kicillof y Alejandro Vanoli, refrescar la claridad con la que Carlos Marx explicó la relación entre el valor del dinero fiduciario y su respaldo en reservas, en la cita con la que comenzamos esta discusión.