Un Nobel para la arquitectura de la elección

El miércoles 23 de noviembre del 2011, en la sala de prensa de la Casa Rosada, el entonces Jefe de Gabinete, Anibal Fernandez, anunciaba que el Ejecutivo a pleno había renunciado voluntariamente a los subsidios energéticos y que esperaba que el gesto fuera copiado masivamente por los funcionarios de menor rango y eventualmente por toda la población que no necesitara esa ayuda del Estado

Al poco tiempo de implementada la medida los resultados fueron desalentadores; solo 35.000 personas ingresaron a la página web diseñada al efecto.

Si el Gobierno le hubiera preguntado entonces al hoy flamante Premio Nobel de Economía, Richard Thaler (ver fundamentos de la Academia acá) el catedrático le habría sugerido hacer exactamente lo contrario; esto es: dar de baja el beneficio para toda la población y habilitar un sitio web para que aquellos que realmente creyeran que necesitaban la asistencia del Estado, solicitaran mantener el subsidio.

Para cualquier Economista entrenado en la tradición neoclásica esta propuesta carecería de sentido; después de todo, se supone que la gente no es estúpida y que cada uno hace una especie de análisis costo-beneficio antes de tomar una decisión, de modo que la cantidad de bajas en el subsidio a la luz y el gas debería ser exactamente la misma sin importar si el mecanismo se basa en la regla de “opt out” (hay que optar para salir) o de “opt in” (hay que optar para entrar).

Pero este profesor de la Universidad de Chicago no se quedó en los postulados de las teorías principales que poblaban los pizarrones de las principales facultades, sino que prefirió la metodología experimental de la Psicología Cognitiva y demostró que el diseño de la arquitectura de elección tiene un notable poder en el resultado final por el que terminan inclinándose consumidores e inversores. En particular, las opciones que se establecen como default operan con fuerza de statu quo y terminan siendo más elegidas por la gente.

La misma lógica corre para múltiples casos que Thaler detallo en uno de los mejores libros de la historia sobre Economía del Comportamiento; “Nudge”. La palabra, de difícil traducción literal, se puede interpretar como un pequeño empujón, como una ayuda para decidir mejor. Con pequeños cambios, se pueden lograr grandes resultados.

Un ejemplo, estructuralmente similar al de la opción en relación a los subsidios, es el del estudio de los profesores Erik Johnson y Daniel Goldstein de Columbia, en el que muestran que  la regla del donante presunto eleva de manera espectacular las tasas de donación de órganos, salvando miles de vidas (ver estudio acá)

Lo que sugiere este trabajo es que si el gobierno hubiera dado de baja todos los subsidios en 2011, dejando abierta la puerta para que los que lo necesitaran pudieran mantener el beneficio, habría bajado dramáticamente el gasto público, con la tranquilidad de proteger a los que estaban peor y no podían pagar la tarifa completa.

Las aplicaciones de este principio son ilimitadas. Por ejemplo, en el terreno de la salud se podría bajar notablemente el sobrepeso y sus consecuencias no deseadas, como la diabetes o las enfermedades cardiacas, armando los combos de los menues de las casas de comidas, con gaseosas light o cero, siempre dejando la puerta abierta para que el cliente acceda a la bebida regular con el solo requisito de pedirla.

 

Cuentas mentales separadas

Todavía recuerdo el verano de 1995. Con mi hermano Tito fuimos al casino de Valeria del Mar, sobre la ruta interbalnearia que une Villa Gesell con Pinamar. La suerte era esquiva y cuando los 100 pesos que había llevado estaban llegando a su fin pegué un pleno en el 32, aposté toda la ganancia al 23 y con dos aciertos al hilo dimos rienda suelta al festejo en caravana nocturna por los principales bares de esa zona de la costa atlántica.

En primer lugar, ni loco me hubiera jugado 150 pesos de entonces (unos 150 dólares) al 23, pero la verdad es que no sentía que fuera plata mía, sino que me estaba jugando la del casino, la que le había ganado al 32. La misma irracionalidad gobernó el festejo. Era mucho dinero y en una noche me gasté una suma veinte veces superior a lo que habitualmente destinaba a un fin de semana.

Richard Thaler, acuñó el término “cuentas mentales” para referirse al caprichoso comportamiento de tratar diferente al dinero según el origen del mismo, en abierta violación a los principios de la economía neoclásica (ver artículo acá) . Enseñamos en la Facultad que el dinero es fungible y que la utilidad que puede proporcionar un billete de 500 pesos que percibimos por nuestro trabajo es exactamente igual que la que se puede conseguir con otros 500 pesos que nos encontramos tirados en la calle. Y sin embargo, ahí está el resultado; la gente sí hace la diferencia y separa el dinero en cajones distintos según el origen,  o de acuerdo al destino. Por lo tanto, el modo de pagar los salarios, por ejemplo, tiene un notable impacto en el destino que la gente le da al dinero y entonces, aunque teóricamente no debería importar, si se separa una parte de lo que se iba a pagar a los trabajadores y se les abona con esa suma un sueldo anual complementario a fin de año, pues tratarán de manera muy diferente ese dinero y es probable que acaben comprando cosas en las que no gastarían si no existiera la práctica del aguinaldo.

 

La solución para incrementar el ahorro y mejorar las jubilaciones

Finalmente, Thaler hizo buena parte de sus investigaciones con foco en los mercados financieros y en particular en el problema del ahorro. Estados Unidos comparte con Argentina la escasa tendencia a postergar el consumo y por lo tanto enfrenta problemas recurrentes para financiar su inversión. En el caso del país del norte, lo resuelven en parte usando el ahorro externo, toda vez que el mundo está dispuesto a almacenar dólares, prestándoles dinero sin cobrarles siquiera un interés. Pero en Argentina, que prácticamente no tienen moneda, esa posibilidad no existe y entonces cada vez que asistimos a una etapa de crecimiento con mayor inversión, acumulamos una deuda externa que eventualmente hay que pagar.

Una de las consecuencias prácticas de la baja tasa de ahorro es que nos cuesta mucho financiar los sistemas de retiro, lo que ocasiona bajas jubilaciones y/o problemas de cobertura de seguridad social.

En momentos en que los esquemas de pensiones tradicionales están en crisis, los trabajos del Premio Nobel 2017 permiten contribuir a resolver el problema evitando los costos políticos que sobrevienen como consecuencia de las impopulares medidas que limitan beneficios,  o aumentan la edad jubilatoria

Concretamente Thaler propone  (ver el estudio acá) que los empleadores anoten de manera automática a sus trabajadores en planes de complementación de pensiones, que detraigan una parte del salario y lo destinen a una cuenta de capitalización.
Supongamos que además del 11% que rige por Ley en Argentina, en el recibo de sueldo figurara un descuento adicional de 2% para destinar a un fondo de suplemento de retiro, con el que se podrían aumentar las jubilaciones prácticamente un 20%. Por supuesto, el truco es que no se trataría de una medida compulsiva, sino que Thaler propone dejar abierta la puerta para que el trabajador que lo desee pueda solicitar que en su caso particular no se efectué ese descuento adicional y seguir cobrando en cambio ese 2% dentro del salario. Más aún, el Economista sugiere que ese descuento adicional comience a efectuarse en el momento en que el trabajador recibe un incremento de sueldo, para que psicológicamente no perciba la consecuencia de un salario menor. Supongamos, por ejemplo, que en junio entra la primera cuota de una paritaria del 15%, pues bien, podría materializarse en un aumento salarial del 13% y separarse un 2% para el fondo de complemento de jubilaciones.

En la misma sintonía, el gobierno podría aumentar la edad jubilatoria a los 70 años, pero en vez de hacerlo por la fuerza de una ley que no deje alternativas a los trabajadores, permitirles optar por la jubilación a los 65 si es que prefieren mantener las condiciones originales de retiro. La teoría nos hace pensar que eso no tiene ningún sentido, pero Thaler ya demostró que la teoría estaba equivocada.

 

Bonus track; Thaler explica la falacia de la racha y los derivados financieros con una metáfora espectacular.

El Profesor Thaler, además de Economista es un excelente docente y en este segmento de la película “La Gran Apuesta”, explica cómo funcionan los derivados financieros

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