Somos todos pronosticadores

 El 26 de octubre del 2010 fue un día triste para los trabajadores del acuario Sea Life Center de Oberhausen, en Alemania, debido al fallecimiento del pulpo Paul, famoso por haber acertado el resultado de 12 de los 14 partidos jugados por la selección de ese país, empezando por la Eurocopa del 2008 y finalizando en el mundial de Sudáfrica, dos años después.

Por supuesto, nadie piensa que el cefalópodo realmente tenía poderes sobrenaturales; las apuestas están divididas sobre si acertaba por pura casualidad o si detrás de cada profecía alguien hacía trampa.

En el mundial que se está jugando por estos días, se hizo famoso otro animal; en este caso, el gato Aquiles, a quien se le adjudica haber acertado los cuatro primeros partidos sobre los que “se explayó”, aunque falló conjeturando la eliminación de la escuadra blanquiceleste en su duelo con Nigeria.

Por mas disparatados que puedan parecer, con cada acierto de un oráculo como estos, millones desafían a la razón y le prestan atención.

El futbol, por supuesto, no es el único terreno en el que nos gusta hacer pronósticos; la economía también es tierra fértil para hacer predicciones, incluso cuando muchas veces las aseveraciones que se tiran al aire no tengan sustento en elaboraciones teóricas o provengan del estudio econométrico de datos de la realidad.

Los deportes y las ciencias sociales comparten, eso sí, su naturaleza probabilística, de manera que cualquier pronóstico que se haga tiene ineluctablemente un margen de error, lo cual puede ser problemático, sobre todo a la hora de juzgar la calidad de las estimaciones.

Por ejemplo, Alemania, era uno de los principales candidatos a ganar el ultimo mundial, al punto tal que un consorcio de bancos hizo un complejo modelo matemático con mas de 10.000 simulaciones que pronosticó que los teutones se alzarían con la copa.

Sin embargo, los últimos campeones perdieron con Corea del Sur y se quedaron afuera en primera ronda. ¿Quiere decir esto que el pronóstico era de mala calidad?
Todo lo contrario; el resultado deportivo es probabilístico y, de hecho, si bien el fútbol tiene una lógica y por lo general Alemania le gana a Corea, también es posible, aunque sea poco probable, que pierda, lo que no obsta que sea el favorito y resulte razonable apostarle sobre la base de esa proyección.

 

“Las encuestas nunca aciertan”
Tomemos el caso de la opinión pública, como ciencia donde los encuestadores despliegan su método de pronóstico basado (cuando son honestos e idóneos) en las leyes de la probabilidad y las teorías del muestreo.

Si un candidato X tiene en realidad, por ejemplo, un 50% de intención de voto, una encuesta de 1.000 casos tiene aproximadamente un 3,2% de margen de error, para un intervalo de confianza del 95%. Esto quiere decir que, si se hiciera el muestreo 100 veces, en 95 oportunidades la predicción para ese candidato estaría entre el 46,8% y el 53,2% de los votos. Sin embargo, en los restantes cinco estudios el encuestador pronosticará un numero menor a 46,8% y un numero mayor a 53,2% errando por más de 3,2%.

El problema es que cuando vemos el resultado final no hay manera de saber si un profesional que predijo el numero exacto realmente hizo un buen trabajo, o habiendo hecho mal el muestreo, simplemente tuvo suerte.  Del mismo modo que cuando erra por mucho tampoco sabemos si es un burro, o si a pesar de ser honesto e idóneo, tuvo mala suerte con el trabajo de campo.

 

 “Los economistas nunca aciertan”

Una cosa parecida ocurre con la ciencia sombría, solo que aquí, además del margen de error de las estimaciones que a la fuerza son probabilísticas, se suman otros problemas. El economista que hace un pronóstico puede partir de un modelo equivocado; esto es: puede fallar en su comprensión de como funciona el sistema económico y prever relaciones entre las variables que a la postre no se cumplen. Pero incluso si entendiera perfectamente como funciona el mundo, puede que se equivoque si los agentes utilizan sus predicciones para cubrirse. Por ejemplo, supongamos que un profesional muy prestigioso pronostica que el riesgo país subirá y que como consecuencia de ello el país perderá acceso al financiamiento internacional y subirá el dólar. Si las autoridades se toman en serio esa estimación es probable que recorten el presupuesto y bajen su dependencia del financiamiento externo, evitando que suba el riesgo país y se vea afectado el dólar. Paradójicamente el vigía acierta la presencia del iceberg, pero el capitán hace naufragar su pronóstico de choque, virando el timón a tiempo.

Algo de esto explicábamos en su momento para el 2015 (ver link acá)

 

Problemas de identificación

A estos problemas se suma la dificultad de identificar cual fue la causa del resultado que se observa. Sigamos con nuestro economista del ejemplo anterior, pero ahora supongamos que lo que ocurre es que el país pierde una cosecha de soja, o que, por razones ajenas a sus políticas, baja fuerte el precio internacional de su principal producto de exportación. En cualquiera de esos dos casos efectivamente subirá el dólar y es probable que el país enfrente un deterioro transitorio de sus indicadores crediticios. A la luz del resultado el profesional acertó, pero en realidad no ocurrió lo que él dijo que iba a pasar. Es cierto que el resultado fue el mismo, pero no se trató de un acierto de pronostico sino de una casualidad; el analista no había visto venir ni la mala cosecha, ni la baja del precio internacional del commoditie en cuestión y lo que él había identificado como la variable que causaría la suba del dólar, nunca se hizo presente

Volviendo al futbol, cuando se lesionó Chiquito Romero, algunos pronosticaron que Armani sería el arquero titular, incluso el propio diario Clarín así lo anunció

A la postre todos saben que Armani terminó siendo el arquero, pero la predicción se cumplió de casualidad, porque el arquero elegido por el técnico fue en realidad Wilfredo Caballero, quien tuvo una mala performance contra Croacia y fue reemplazado por el portero de River para el compromiso con Nigeria.

Una cosa parecida ocurrió con el pulpo Paul de los periodistas, el kirchnerista Roberto Navarro, quien el 13 de diciembre del año pasado dijo en su programa web que el Gobierno había arreglado con el campo un dólar de $30 para el momento de liquidar la cosecha en marzo, lo cual obviamente era un disparate y no ocurrió. Hoy se ve claramente la inestabilidad política y económica que genera un salto cambiario tan pronunciado; se comprende entonces que hubiera sido suicida para el Gobierno semejante medida, lo cual tornaba disparatada la predicción del periodista conocido por haber anunciado al aire el triunfo de Daniel Scioli en las presidenciales del 2015.

 

Sin embargo, unos meses después, el billete norteamericano araño los $30 y algunos que solo recordaban la foto de la promo del programa de Navarro, pensaron que el periodista finalmente había logrado acertar un pronóstico. Pero en honor de la verdad, lejos estuvo de producirse la devaluación voluntaria por parte del gobierno en el mes de marzo para beneficiar al campo, como había predicho el comunicador, sino que mas bien el mercado se llevó puesto al gobierno (de manera literal en el caso del ex presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger), un tiempo despues y por otras razones. Si vamos a reconocer el merito de alguien pronosticando ese evento, los pergaminos debería habérselos llevado en todo caso el ex Presidente del Banco Nación, Carlos Melconian, que anticipó la catástrofe con su famoso “Ojo porque se puede ir todo a la mierda”, aunque, nobleza obliga,  el propio economista luego lo desmintió.

Ilusión monetaria

Por si no tuviéramos suficiente, en los medios debemos lidiar con los análisis ex post que, por hacerse sin tener en cuenta el contexto inflacionario en el que se plantean algunas predicciones, caen presa del sesgo de ilusión monetaria
Por ejemplo, en la previa de las elecciones del 2015, Alfonso Prat Gay dijo, cuando le preguntaron cual sería el valor del dólar sin cepo, que dependía de como se hicieran las cosas para salir del control de cambios: “mas cerca de 9 y medio si hacemos las cosas bien, mas cerca de 16 si, al que le toque, hace las cosas mal”

Un año después, cuando inflación mediante, el dólar llegó a $16, muchos usaron el audio de esa entrevista en “A dos voces” para sugerir que el gobierno había hecho mal las cosas. En rigor, el dólar de salida del cepo fue de $13,50 pero, inflación mediante, cualquier cosa que en diciembre de 2015 valía $13,50 un año después estaba a $18,90 por lo que un dólar de $16 un año despues de la salida del cepo, era en realidad un dólar mucho mas barato que los $16 de octubre del 2015, cuando Prat Gay hizo su proyección.

En el 2012, Cristina Fernández, se burló públicamente de un amigo de su hijo Máximo, que les había recomendado comprar dólares en el medio de la crisis del 2002, cuando salía $4 y algunos amenazaban que llegaría a $10. Un año después, cuando el paralelo llegó a los $10 muchos le enrostraron a Cristina haber protagonizado un remake de “el que apuesta al dólar pierde”, pero la Presidenta tenía razón, porque los $10 del 2013 no tenían nada que ver con los $10 del 2002. Efectivamente durante esos años el que apostó al dólar perdió

Es más, en un escenario de alta inflación, cualquier proyección nominal se cumple, a la larga o a la corta, de manera que siempre hay que actualizar por inflación los valores al momento del pronostico para ver si las predicciones se materializan o no

 

Pronósticos imprecisos

Otro problema es el que de aquellos que lanzan una aseveración atemporal, que eventualmente puede cumplirse, aunque nunca precisen cuando ocurrirá.

Por ejemplo, yo soy de los que piensan que el fenómeno del Bitcoin es una burbuja, pero no tengo la menor idea de cuando explotará. Sin embargo, estoy seguro de que algún día lo hará y si insitiera con el pronostico, el día que finalmente ocurra podría decir que lo vi venir y lo anticipé. Pero tal comportamiento sería deshonesto de mi parte, porque yo nunca dije cuando ocurriría tal cosa, y sin esa fecha, el pronóstico no es mas que charlatanería.

 

Pronósticos variados y la estafa del asesor de inversiones

El ultimo de los pseudo gurúes es el que escupe pronósticos permanentemente, embocando cada tanto de carambola, por la misma razón por la que un reloj descompuesto acierta la hora dos veces al día.

Hay una vieja estafa basada en ese tipo de “visiones”. Un presunto “analista de inversiones” llega a una ciudad y reparte 1024 sobres diciendo que la semana que viene subirá el dólar, y otros 1024 diciendo que bajará la divisa.  La semana siguiente se olvida de los 1024 con los que erró y se concentra en el resto; manda 512 cartas diciendo que subirá el billete y otras 512 diciendo exactamente lo contrario. Repite el procedimiento a la tercera semana con esos 512 con los que acertó y así sucesivamente hasta que al cabo de seis semanas le quedan 32 personas convencidas de que están en presencia del mismísimo Nostradamus, a quien le confían por lo tanto la administración de todos sus bienes.

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